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Bellas Artes perdió a su arquitecto italiano y un mexicano retomó el proyecto que tardó décadas en terminarse

A 92 años de su inauguración, la historia del recinto revela cómo un ambicioso proyecto arquitectónico atravesó dos épocas decisivas para México.
El Palacio de Bellas Artes es el recinto cultural más importante de México y un tesoro arquitectónico del Centro Histórico de la Ciudad de México que combina un exterior Art Nouveau de mármol blanco con un interior Art Déco adornado por murales de Diego Rivera y Siqueiros.
En 1932, el proyecto dejó de llamarse Teatro Nacional y adoptó el nombre de Palacio de Bellas Artes, tras decidirse que también albergaría museos y otras actividades culturales. (Expansión|Gemini)

Este 29 de septiembre, el Palacio de Bellas Artes cumple 92 años de su inauguración. Detrás de uno de los edificios más emblemáticos de la Ciudad de México se esconde una historia marcada por dificultades, retrasos y un relevo arquitectónico que cambiaría el rumbo de su construcción.

¿Por qué el arquitecto italiano dejó inconclusa la obra y cómo consiguió un mexicano retomar el desafío? Ambos protagonistas permiten reconstruir el camino que hizo posible la apertura de este recinto en 1934.

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¿Por qué el arquitecto italiano Adamo Boari dejó inconcluso Bellas Artes?


Adamo Boari fue un destacado arquitecto e ingeniero civil italiano que transformó el paisaje urbano de México a principios del siglo XX, siendo el creador y primer constructor del monumental Palacio de Bellas Artes (originalmente planeado como el nuevo Teatro Nacional) a partir de 1904.
Adamo Boari (Centro INAH Puebla)

Todo comenzó durante el gobierno de Porfirio Díaz, cuando las autoridades buscaban modernizar la Ciudad de México con grandes obras arquitectónicas. Entre sus proyectos figuraba la renovación del antiguo Teatro Nacional, considerado uno de los principales espacios artísticos y culturales del país durante la segunda mitad del siglo XIX.

Inicialmente se contempló remodelar el inmueble, pero finalmente se decidió demolerlo y construir otro que respondiera al crecimiento de la capital. Su desaparición también permitiría ampliar la calle 5 de Mayo, una de las vialidades más importantes del centro.

Aquella decisión quedó registrada en los periódicos de la época. Según la documentación histórica recuperada por el Archivo General de la Nación (AGN) , El Imparcial informó que los trabajos de demolición avanzaban rápidamente, mientras los capitalinos presenciaban la desaparición de un edificio que había marcado la vida cultural de la ciudad.

Para desarrollar el nuevo recinto, las autoridades recurrieron al arquitecto italiano Adamo Boari, quien participó en los estudios para determinar su ubicación. En 1901 quedó definido que el futuro Teatro Nacional se levantaría a un costado de la Alameda Central.

Tres años después comenzaron los trabajos de construcción, con un objetivo ambicioso: terminar el inmueble en apenas cuatro años. Sin embargo, las dificultades técnicas y presupuestales complicaron el avance de la obra, especialmente por las condiciones del terreno.

A estos obstáculos se sumó un acontecimiento que transformaría por completo al país. Tras el estallido de la Revolución Mexicana en 1910, la situación económica se deterioró y los recursos necesarios para continuar con el proyecto comenzaron a escasear.

Boari permaneció al frente de la construcción durante varios años, con la colaboración de Gonzalo Garita, hasta que en 1916 regresó a Europa. Para entonces, prácticamente todo el exterior estaba terminado, aunque todavía faltaba el recubrimiento de la cúpula y numerosos trabajos en el interior.

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Su partida no significó que las autoridades renunciaran al proyecto. Los gobiernos de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón intentaron concluir la construcción, pero ninguno consiguió terminarla. Pese al interés de las administraciones posrevolucionarias y del público, la falta de avances definitivos prolongó la espera hasta que una nueva decisión gubernamental permitió retomar las obras.

Federico Mariscal, el mexicano que asumió el proyecto y transformó su arquitectura

Federico Mariscal fue un influyente arquitecto y académico mexicano (1881-1963) que pasó a la historia por ser el encargado de concluir la construcción del Palacio de Bellas Artes entre 1932 y 1934, retomando el proyecto que Adamo Boari había dejado inconcluso tras el estallido de la Revolución Mexicana. Mientras Boari concibió el exterior del edificio con una marcada estética Art Nouveau, Mariscal respetó esa fachada monumental pero transformó por completo los espacios interiores utilizando el estilo Art Deco, que estaba en pleno apogeo en los años treinta. Para lograrlo, Mariscal incorporó mármoles nacionales, detalles geométricos de herrería y los icónicos murales de los grandes artistas de la época, logrando una fusión arquitectónica única que definió la identidad definitiva del recinto cultural más importante de México.
Federico Mariscal (Palacio de Bellas Artes)

Durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio, en 1930, las autoridades designaron al arquitecto mexicano Federico E. Mariscal como responsable de terminar el entonces Teatro Nacional.

Su llegada representó mucho más que un relevo profesional. Mariscal recibió una construcción concebida durante el Porfiriato, pero debía terminarla para un país cuya realidad política, económica y cultural había cambiado profundamente.

También enfrentó un reto arquitectónico: respetar buena parte de lo que Boari había construido y, al mismo tiempo, incorporar una propuesta que respondiera a las necesidades del nuevo proyecto.

Mientras el italiano había trabajado principalmente bajo la influencia del art nouveau, caracterizado por las líneas curvas y los elementos ornamentales inspirados en la naturaleza, Mariscal introdujo el art déco, una corriente que privilegiaba las formas geométricas y los diseños estilizados.

De esa manera, ambos arquitectos terminaron dejando su huella en un mismo inmueble. Buena parte del exterior conservó la concepción original de Boari, mientras que la intervención de Mariscal incorporó un lenguaje arquitectónico diferente, especialmente en los espacios interiores.

Sin embargo, el cambio más importante llegó en 1932, cuando el secretario de Hacienda, Alberto J. Pani, respaldó la reactivación de los trabajos bajo una nueva concepción.

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Según los antecedentes históricos del Palacio de Bellas Artes, la instrucción consistía en transformar el inmueble en el asiento de una institución nacional dedicada al arte, capaz de albergar distintos museos y actividades culturales.

Esta decisión permitió justificar la fuerte inversión necesaria para concluir la construcción, pues el edificio debía responder a una función social y ofrecer servicios culturales a la población.

También marcó el nacimiento de su nombre definitivo. Tras aproximadamente tres décadas de historia, el proyecto dejó de llamarse Teatro Nacional y pasó a denominarse Palacio de Bellas Artes.

¿Qué ocurrió después de que Federico Mariscal terminó Bellas Artes?

"La Armonía" es la obra cumbre del conjunto escultórico monumental que decora el tímpano de la fachada principal. Esta magistral pieza de mármol de Carrara no es solo un adorno, sino una compleja alegoría sobre el espíritu humano, la música y las pasiones creada por el artista italiano Leonardo Bistolfi.
"La Armonía" es la obra cumbre del conjunto escultórico monumental que decora el tímpano de la fachada principal. Creada por el artista italiano Leonardo Bistolfi. (palacio.inba.gob.mx)

Tras superar las dificultades que habían retrasado su construcción, Federico Mariscal consiguió concluir los trabajos el 10 de marzo de 1934. No obstante, tuvieron que transcurrir varios meses antes de que el público presenciara la inauguración oficial.

Finalmente, el 29 de septiembre de 1934, a las 10:30 horas, abrió sus puertas el Palacio de Bellas Artes. A la ceremonia acudieron el entonces presidente Abelardo L. Rodríguez, integrantes de su gabinete y una multitud de personas que se reunió para presenciar el acontecimiento.

Después de tres décadas desde el inicio de las obras, México contaba con un recinto que reunía el trabajo de los dos arquitectos y reflejaba las transformaciones que había experimentado el país durante ese periodo.

Su importancia, sin embargo, no se limitaba a concluir un edificio monumental. Durante la inauguración, el entonces director del Palacio de Bellas Artes, Antonio Castro Leal, explicó que el nuevo espacio representaba una oportunidad para impulsar la educación y la actividad cultural.

Según las declaraciones recuperadas por el AGN a través del periódico El Nacional, Castro Leal destacó que "no se trataba de inaugurar una casa vacía, sino un taller de trabajo", cuya actividad debía traducirse en realizaciones del arte nacional y extranjero.

Con el paso de los años, las instalaciones requirieron distintas intervenciones para conservar su estructura y adaptarse a las necesidades de sus actividades artísticas. Entre las principales remodelaciones documentadas destacan:

- 1993: construcción del estacionamiento subterráneo

- 1994: remodelación de las salas de exhibición del Museo del Palacio de Bellas Artes

- 2000 a 2004: restauración de las cúpulas del inmueble

- 2008 a 2010: renovación de la sala de espectáculos, que incluyó el escenario, la tramoya, el foso, la iluminación, la acústica y la butaquería, entre otros elementos.

Esta última fue la mayor intervención realizada en el teatro y la sala de espectáculos. Además de renovar los espacios destinados al público y a las presentaciones, los trabajos modernizaron las plataformas, las cabinas y los sistemas técnicos necesarios para el funcionamiento del recinto.

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Infraestructura general Museo del Palacio de Bellas Artes

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