La diferencia entre utilizar automóvil y transporte público también influye. Un estudio de ONU-Hábitat de 2018, retomado en la investigación, documentó los siguientes tiempos para recorridos que atraviesan la metrópoli:
- De norte a sur: hasta 5 horas con 49 minutos en transporte público, frente a 3 horas con 21 minutos en automóvil.
- De oriente a poniente: 5 horas con 21 minutos en transporte público, frente a 2 horas con 42 minutos en automóvil.
Estas mediciones corresponden a trayectos metropolitanos de referencia, no al tiempo promedio específico de los habitantes de Zumpango, Tecámac o Huehuetoca.
A la pérdida de tiempo se suma el costo económico. Mientras que en las zonas centrales el transporte representa entre 6% y 14% del ingreso, en las periferias lejanas puede absorber hasta 40% del presupuesto familiar, según datos del Programa Integral de Movilidad de 2020, retomados por el diagnóstico metropolitano.
Para quienes adquirieron una vivienda mediante créditos del Infonavit, Fovissste u otras instituciones, esta carga se añadió al pago de la hipoteca. La combinación de ambos gastos contribuyó a situaciones de impago y abandono de inmuebles, aunque el estudio no especifica cuántas viviendas de los tres municipios llegaron a esa condición por problemas crediticios.
La falta de servicios agravó el deterioro de las viviendas
Con base en el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el diagnóstico señala que menos del 50% de los hogares en municipios periféricos cuenta con acceso regular a internet.
En materia de salud, únicamente el 25% de los hospitales de alta especialidad de la ZMVM se encuentra a una distancia caminable de hasta 1,200 metros de una estación de transporte público estructurado, lo que muestra las dificultades de acceso a estos servicios a escala metropolitana.
Conforme aumentó la desocupación, el problema también alcanzó a quienes permanecieron en los fraccionamientos. Las casas vacías quedaron expuestas al deterioro, vandalismo y ocupaciones irregulares, mientras que los residentes enfrentaron una pérdida de valor de sus propiedades y un entorno urbano más deteriorado.
El análisis relaciona estas condiciones con una mayor desigualdad territorial, pues las familias de menores ingresos terminaron concentradas en zonas donde acceder al empleo y a los servicios requiere mayores desplazamientos y gastos.