Imagina un día como el que vive alguna persona cuidadora. Te levantas a las 4:30 de la mañana para arreglarte y preparar el desayuno y la comida. Después, levantas a tu hija, la arreglas y la llevas a la escuela. De camino al trabajo, pasas por la farmacia por medicamentos para el adulto mayor que vive en tu hogar. Saliendo de la oficina, recoges a tu hija de la escuela. Tienes un empleo de medio tiempo y por lo tanto en la tarde la ayudas con su tarea. Preparas la cena y atiendes al resto de los miembros del hogar. Al terminar, agotada, te duermes temprano para cargar pilas para el día siguiente.
Ciudades que cuidan, economías que crecen
Ahora imagina que esta rutina se da en una ciudad en la que es imposible caminar. En donde todo queda lejos, pero el sistema de transporte es inaccesible y lento. ¿A qué pensaste “no inventes, qué friega”?
Ese escenario es una realidad para millones de personas, sobre todo mujeres, que se tienen que dividir en mil para hacer todo lo que tienen que hacer en ciudades extendidas y mal planeadas. Esto complica las tareas que llevan a cabo quienes cuidan.
Cuando hablamos de la baja participación económica femenina solemos pensar en temas como discriminación laboral, brechas salariales o falta de oportunidades. Todos son problemas reales. Sin embargo, rara vez aparece en la conversación económica las implicaciones del diseño de nuestras ciudades.
Cuidar a niñas, niños, personas mayores o familiares enfermos es indispensable para que la sociedad funcione, pero la mayor parte de estas tareas se realizan sin remuneración y recaen principalmente en las mujeres, lo que reduce su tiempo disponible para trabajar, estudiar o emprender. Aquí es donde el diseño urbano cobra una relevancia enorme.
Las ciudades son el escenario donde ocurren las tareas de cuidado. En ellas se define si llevar a una hija a la escuela implica caminar unas cuadras o cruzar media ciudad, si una consulta médica queda cerca o requiere varias horas de traslado, o si existen espacios públicos seguros y accesibles para las personas que necesitan apoyo cotidiano.
En el estudio Planeación Urbana con Perspectiva Incluyente de Cuidados de la Fundación Friedrich Naumann, ejecutado por Noubi Advisors, se analizan experiencias nacionales e internacionales para entender qué puede hacer una ciudad para mejorar la vida de las personas cuidadoras.
Aunque los casos analizados tienen motivaciones y formatos muy diferentes, hay cuatro elementos en los que coinciden: servicios cercanos, la creación de una comunidad para reducir la carga de cuidados individual, una planeación basada en datos y corresponsabilidad institucional donde diversos sectores participan en la intervención.
Cuando se habla de intervenciones no siempre se refieren a megaproyectos. A veces son decisiones relativamente más simples como rutas escolares seguras, centros de salud accesibles, parques bien iluminados o servicios públicos cercanos.
Este análisis deja claro que el cuidado ya es una dimensión central de la vida urbana. Diseñar ciudades que lo tomen en cuenta no solo mejora la calidad de vida de quienes cuidan, sino también permite liberar tiempo, talento y productividad que hoy permanecen subutilizados. En otras palabras, apostar por ciudades que cuidan es una estrategia conveniente para impulsar el desarrollo económico local.
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Nota del editor: Fátima Masse es Economista especializada en temas sociales. Síguela en Twitter como @Fatima_Masse . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.
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