El Premio Pritzker reconoce el "enfoque convencional" del arquitecto.(Foto: Pritzker)
Diana Zavala
El arquitecto originario de Santiago de Chile, Smiljan Radic Clarke, fue galardonado con el Premio Pritzker de Arquitectura 2026, el más importante del sector y conocido como “el nobel” para la industria.
El jurado le dio el reconocimiento por su talento, visión y compromiso, con lo que logra edificios que “no se conciben simplemente como artefactos visuales; más bien, exigen una presencia corpórea”.
Uno de sus mayores logros, de acuerdo con el reconocimiento, es practicar la arquitectura como un intento sostenido de reconectar a todos los individuos con un origen más profundo.
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En el método de trabajo de Smiljan Radić Clarke destaca por la experimentación. (Foto: Pritzker)
“Nos impulsa hacia un origen compartido: un lugar atávico más allá de la raza, el género o la cultura. Esta capacidad adquiere particular relevancia en tiempos de polarización y deshumanización”, agregó el jurado.
A esta característica se suma la experimentación e indagación por desapegarse de los caminos trillados. No obstante, tener un enfoque poco convencional, que da como resultado diseños inesperados e inusuales, no genera distanciamiento: “su postura anticanónica resulta fresca e inédita. Transmite la inconfundible sensación de encontrarse con algo nuevo”.
La Casa Carbonero ocupa el paisaje entre el bosque y el mar. Construida con madera y malla ennegrecida, el volumen efímero parece suspendido. Su envolvente oscura y porosa absorbe la luz en lugar de reflejarla, disolviendo la masa en la atmósfera y permitiendo que el viento, la sombra y el sonido entren en la experiencia arquitectónica. Carbonero propone la arquitectura como un refugio provisional, atento al clima, el terreno y el tiempo.(Foto: Pritzker Architecture Prize.)
Sus obras
Los edificios de Radić combinan volúmenes y escalas que otorgan patrones de circulación poco evidentes, pero permiten que dentro de un mismo espacio se creen múltiples escenarios, además de impulsar que los usuarios interactúen y transformen el uso de las obras.
El arquitecto chileno también juega con los tamaños y los materiales. Sus proyectos tienden a ser monumentales, con gran escala interior y exterior.
Sin embargo, los combina con cubiertas ligeras sobre plataformas que aparentan inestabilidad, lo que genera interacciones de tensión y dinamismo que sorprenden e invitan a sus usuarios a explorar.
NAVE reinventa una residencia deteriorada de principios del siglo XX como marco para la representación contemporánea. En la parte superior, una terraza en la azotea, coronada por una carpa de circo, introduce una ligereza inesperada y una atmósfera de celebración provisional, programada con eventos comunitarios, que contrasta con la intimidad arraigada del espacio inferior.(Foto: Pritzker Architecture Prize Laureate)
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Además, proyecta respeto por el espacio en el que se instala. Al parecer que sus obras están sobrepuestas, la huella en el terreno se reduce visualmente y evita marcas duraderas en el sitio, aunque las obras sean permanentes.
“Sus edificios pueden parecer temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida”, dijo el jurado al otorgarle el premio.
Esta lógica se refleja en proyectos como el Teatro Regional del Biobío, en Concepción, donde una membrana blanca envuelve el edificio y filtra la luz exterior, generando una presencia luminosa hacia el paisaje urbano.
También en el Restaurante Mestizo, en Santiago, donde grandes rocas colocadas en posición vertical forman parte de la composición espacial y alteran la lectura tradicional del interior.
Ubicado en el Parque Bicentenario, a las afueras de Santiago, Mestizo se presenta como una extensión del paisaje. La cubierta, sostenida por piedras de una cantera cercana a Pirque, se convierte en horizonte, refugio y gesto cívico a la vez, ofreciendo sombra y continuidad, a la vez que disuelve la frontera entre el comedor interior y el terreno circundante. El viento, la luz y las vistas lejanas de los Andes se moderan mediante la profundidad y la proporción para crear una condición espacial arraigada en el suelo, el clima y la presencia compartida.(Foto: Pritzker Architecture Prize Laureate)
En otras obras, como Casa Pite, en Papudo, los volúmenes parecen apenas tocar el suelo. La construcción se posa delicadamente sobre el terreno, como si pudiera retirarse sin dejar huella, una idea recurrente en la arquitectura de Radić que entiende al edificio como un huésped del paisaje y no como su dominador.
La misma exploración aparece en proyectos efímeros. El Pabellón Serpentine, que diseñó en Londres en 2014, se configuró como una carcasa translúcida de fibra de vidrio apoyada sobre grandes piedras.
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El conjunto formaba un refugio temporal que no era completamente cerrado ni completamente transparente, y que permitía a los visitantes recorrerlo como un espacio ambiguo entre interior y exterior.
La selección de materiales no solo aporta a la percepción de las obras, sino que también responde a motivaciones ideológicas. Aunque varían de un proyecto a otro, se eligen aquellos que se adapten al contexto y se privilegian los disponibles a nivel local.
Casa para el Poema del Ángulo Recto significa un retiro contemplativo, estructurado por la medida, la orientación y el silencio. Situada en un paisaje boscoso, la casa se orienta hacia arriba y hacia adentro, organizándose en torno a una secuencia disciplinada de gruesos muros que atenúan el clima y el sonido, y aberturas orientadas hacia arriba para capturar la luz y el tiempo. Transforma el acto de habitar en uno de observación, introspección y quietud, creando un espacio que se siente protector.(Foto: Pritzker Architecture Prize Laureate)
Quién es Smiljan Radić
Smiljan Radić nació en Santiago de Chile en una familia de inmigrantes. Sus abuelos paternos provenían de la isla de Brač, en Croacia, mientras que su madre era originaria del Reino Unido. Esta mezcla cultural marcó su visión sobre la identidad y el territorio desde una edad temprana, de acuerdo con el Pritzker.
Su interés por la arquitectura surgió de manera gradual. Durante su infancia dedicó mucho tiempo al dibujo y tuvo su primer acercamiento a la disciplina a los catorce años, cuando un profesor de arte le pidió diseñar un edificio como ejercicio escolar.
Estudió arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó en 1989. Tras reprobar su primer examen final, decidió profundizar en la historia y viajar.
Pasó un periodo en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia, experiencia que considera fundamental en su formación. Durante esos años amplió sus referencias hacia la filosofía, el arte y la literatura, elementos que posteriormente influirían en su arquitectura.
En 1995 fundó su estudio Smiljan Radić Clarke en Santiago. Su oficina mantiene una estructura pequeña y cercana, un formato que el arquitecto ha decidido conservar para sostener un proceso de trabajo más personal.
Durante sus años universitarios conoció a la escultora Marcela Correa, quien con el tiempo se convirtió en su colaboradora y esposa. Ambos diseñaron juntos su primera vivienda, Casa Chica, construida en 1997 en Vilches, Chile. La casa, de apenas 24 metros cuadrados, fue levantada a mano en la cordillera de los Andes.
El Pabellón de la Serpentine Gallery presenta el refugio como una condición aparentemente suspendida. Una carcasa translúcida de fibra de vidrio parece flotar sobre el césped de los Jardines de Kensington, descansando de forma improbable sobre un anillo de inmensas piedras portantes de origen local.(Foto: Pritzker Architecture Prize Laureate)
Con el paso de los años, su trabajo se expandió hacia distintas escalas y tipologías: residencias, edificios culturales, proyectos comerciales e instalaciones temporales. En 2017 fundó la Fundación de Arquitectura Frágil, una iniciativa dedicada a promover la investigación y experimentación arquitectónica a través de exposiciones, talleres y actividades académicas.
A lo largo de su trayectoria ha recibido reconocimientos como el Architectural Record Design Vanguard Award (2008), el Arnold W. Brunner Memorial Prize de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras (2018) y el Gran Premio de la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito (2022).
Actualmente Radić vive y trabaja en Santiago de Chile, donde mantiene una práctica arquitectónica íntima, centrada en explorar la relación entre espacio, materialidad y experiencia humana.