Contar con un testamento no impide que una persona intente apropiarse de una vivienda ni sustituye los documentos con los que se acredita la propiedad. Tampoco elimina por sí mismo un problema de posesión.
Su función está en otro momento de la vida del patrimonio. Si el propietario muere, el testamento establece su voluntad sobre el destino de sus bienes y evita que la sucesión quede sujeta únicamente a las reglas de la herencia legítima.
Septiembre pone el patrimonio sobre la mesa
La cultura testamentaria ha avanzado en la capital. Entre 2021 y junio de 2026 se otorgaron 202,419 testamentos ante notarios capitalinos, de acuerdo con datos de la Red Integral Notarial del Colegio de Notarios de la CDMX.
La Ciudad de México concentra 23% de los testamentos otorgados en el país, lo que la coloca como la entidad donde más se realiza este instrumento notarial.
El interés también ha comenzado a crecer entre personas más jóvenes. En el mismo periodo aumentó 40% el interés de las personas menores de 45 años por otorgar su testamento, según el estudio de percepción de la función y los servicios del notariado público en la Ciudad de México 2025.
Aunque la tendencia muestra que el testamento deja de ser un trámite asociado únicamente con la vejez y empieza a aparecer entre personas que todavía están lejos de la tercera edad, la adopción de esta práctica aún no se extiende en el país.
Se estima que apenas 2 de cada 10 mexicanos cuenta con un testamento. De acuerdo con estadísticas del Colegio de Notarios, 80% de las personas con capacidad para testar deja su patrimonio en la incertidumbre legal cuando muere sin testamento.
El crecimiento de las denuncias por despojo y el interés por ordenar la transmisión de los bienes coinciden con una preocupación más amplia por la certeza jurídica del patrimonio.
Septiembre, el llamado Mes del Testamento , busca aumentar esa certeza mediante costos preferenciales y campañas de información impulsadas por autoridades y colegios notariales. En la Ciudad de México pueden testar las personas de 16 años o más y el trámite requiere acudir ante una notaría y cumplir con los requisitos establecidos para este instrumento, como la identificación oficial.