Durante años, el turismo vendió destinos. Hoy comienza a vender territorio. La diferencia aparece en la manera en que hoteles, arquitectos y desarrolladores turísticos integran el paisaje dentro de la experiencia de viaje. Ya no solo importa la cercanía con la playa o las amenidades de un resort, sino la capacidad de conectar al visitante con vegetación, topografía, materiales locales, sonidos y dinámicas propias del lugar que visita.
“El paisaje es el protagonista”, explicó Erik Carranza López, especialista en ciudad y prácticas espaciales de la Universidad La Salle. “Muchas veces las grandes arquitecturas lo que hacen es mimetizarse con el paisaje y no hay mejor arquitectura que aquella que pasa desapercibida dentro del territorio”, comentó.
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El fenómeno se observa en distintos polos turísticos de México, particularmente en Riviera Maya, Punta Mita, Oaxaca y la región vinícola del norte del país, donde proyectos hoteleros y residenciales comienzan a priorizar integración territorial, materiales regionales y experiencias ligadas al entorno natural.
Proyectos hoteleros y residenciales comienzan a priorizar integración territorial, materiales regionales y experiencias ligadas al entorno natural.(Foto: iStock )
Una nueva manera de conocer
Para Carranza López, el cambio responde también a una evolución en la manera de viajar. “El viajero precisamente está buscando esta experiencia a partir de un conocimiento previo”, señaló.
El territorio empieza a entenderse como gastronomía, materialidad, topografía, memoria cultural y comunidad.
Erik Carranza López, especialista en ciudad y prácticas espaciales de la Universidad La Salle.
En Riviera Maya, una de las zonas donde esta tendencia se vuelve más visible es Mayakoba, comunidad planeada que reúne hoteles como Fairmont, Rosewood y Banyan Tree dentro de un sistema de lagunas y manglares.
En Banyan Tree Mayakoba, por ejemplo, parte de la experiencia arquitectónica gira alrededor de recorridos abiertos y contacto permanente con el exterior. Las villas priorizan visuales hacia lagunas y vegetación, mientras que materiales como piedra, maderas tropicales y chukum buscan integrarse al entorno natural.
Parte de las intervenciones arquitectónicas del complejo estuvieron a cargo de Sordo Madaleno, despacho que diseñó suites frente al mar y espacios como el club de playa Sands.
“No hay un intento de crear una infraestructura presente que no esté integrada con la naturaleza”, dijo Afonso Cunha, gerente general de Banyan Tree Mayakoba.
Todas las vistas a la laguna, a la playa o al sistema lagunar están pensadas para que la naturaleza sea el elemento fundamental.
Afonso Cunha, gerente general de Banyan Tree Mayakoba.
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La lógica detrás de estos proyectos también implica modificar la relación entre arquitectura y territorio. Carranza López señaló que el diseño turístico comienza a alejarse de modelos que priorizaban densidad y masividad para enfocarse en escalas más vinculadas con el contexto natural.
“Hay que entender cómo entra el viento, cómo se mueve el agua, cómo cambia la luz o cómo se comporta la vegetación. La arquitectura tiene que integrarse, casi como construir rocas dentro del paisaje”, explicó.
El especialista señaló que esta integración no solo ocurre a nivel visual. También incluye elementos como paisaje sonoro, clima, materiales endémicos y relaciones comunitarias alrededor de los proyectos turísticos.
La integración no solo ocurre a nivel visual, también incluye elementos como paisaje sonoro, clima, materiales endémicos y relaciones comunitarias alrededor de los proyectos turísticos.(Foto: iStock)
La línea entre la integración y el impacto
Sin embargo, Carranza López advirtió que el crecimiento turístico también mantiene tensiones ambientales importantes, particularmente en destinos con fuerte presión inmobiliaria y turística.
“La arquitectura es un objeto que evidentemente va a causar daño al contexto en el que se inserta. Va a generar demanda de agua, movilidad y servicios”, señaló.
Por ello, explicó, el reto para arquitectos y desarrolladores consiste en incorporar estrategias de integración territorial desde el diseño y no únicamente utilizar la naturaleza como un elemento decorativo.
“Ya no se trata sólo de mitigar. Se trata de entender que la arquitectura forma parte de un sistema orgánico”, dijo.
En ese contexto, el paisaje comienza a convertirse en uno de los principales activos turísticos de México y, al mismo tiempo, en uno de los mayores desafíos para la arquitectura que busca integrarse a él sin desplazarlo.