Elementos como los espacios abiertos y la cercanía con la naturaleza inducen al descanso.(Foto: Cortesía)
Diana Zavala
En un mundo cada vez más acelerado, donde las pausas son escasas y el trabajo invade incluso los espacios vacacionales, el descanso comenzó a convertirse en un objetivo de mercado. El turismo, la hotelería y la arquitectura adaptan sus espacios para responder a una demanda que prioriza la desconexión, el silencio y la relación con la naturaleza.
La industria alrededor de esta búsqueda ya mueve 6.8 billones de dólares a nivel global, el doble que en 2013, de acuerdo con el Global Wellness Institute (GWI).
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El organismo identifica al turismo de bienestar y al wellness real estate como dos de los sectores con mayor crecimiento dentro de la economía, impulsados por consumidores que buscan experiencias ligadas al entorno, la salud mental y el retiro personal.
La transformación no sólo ocurre en spas o centros de relajación. También modifica la manera en que se diseñan hoteles, desarrollos turísticos y espacios de hospedaje.
Elementos antes asociados al lujo, como oficinas privadas, mobiliario corporativo o interiores completamente cerrados pensados en la privacidad, comienzan a perder protagonismo frente a patios abiertos, terrazas, vegetación, iluminación natural y espacios pensados en reducir los estímulos, pero aumentar el bienestar sensorial.
Eliminar espacios de trabajo e integrar de descanso "obliga" a los huéspedes a desconectar.(Foto: Cortesía)
El Global Wellness Institute señala que el bienestar dejó de entenderse como un estado pasivo y comenzó a relacionarse con “la búsqueda activa” de actividades, decisiones y estilos de vida ligados a la salud física y mental.
El reporte también sostiene que los factores ambientales y de estilo de vida influyen entre 80% y 90% en los riesgos de salud y resultados físicos de las personas.
Ese cambio comienza a reflejarse en la arquitectura turística.
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La adaptación de la arquitectura al descanso
En Mayakoba, una comunidad planeada en la Riviera Maya que reúne hoteles como Fairmont, Rosewood, Alila y Banyan Tree, el diseño está enfocado en el lujo, de la manera en la que cada marca lo percibe.
En Banyan Tree Mayakoba, por ejemplo, un hotel de origen asiático, la idea del lujo es el bienestar, que se refleja en villas, restaurantes y espacios comunes que giran alrededor de una relación constante con el exterior. Los cuerpos de agua, la vegetación y las visuales hacia lagunas funcionan como parte central de la experiencia de hospedaje.
Los entornos naturales ayudan a descansar.(Foto: Diana Zavala/Obras)
La entrada de las villas no conduce directamente a un interior. Primero aparece un jardín, después una alberca y luego áreas abiertas de descanso. Los límites entre habitaciones se construyen mediante vegetación y canales de agua en lugar de muros visibles.
Las habitaciones mantienen ventanas amplias, terrazas y conexiones permanentes con el exterior. La cama ocupa el espacio principal y las vistas hacia lagunas, jardines o playa, dependiendo de la categoría, permanecen visibles desde distintos puntos de la villa. Algunas incorporan decks para comer, leer o recibir masajes sin necesidad de trasladarse a otras áreas del resort.
El diseño busca priorizar los espacios de descanso.(Foto: Diana Zavala/Obras)
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En ciertos casos incluso desaparecen elementos ligados al trabajo remoto o a la productividad, como los escritorios.
“Cada vez que entro en una de nuestras villas, lo primero que se percibe es la amplitud. No se siente como un espacio cerrado, sino como un entorno que fluye naturalmente entre el interior y el exterior”, dijo Afonso Cunha, gerente general de Banyan Tree Mayakoba.
La propiedad forma parte de una renovación iniciada en 2021 y proyectada hasta 2026, que contempla inversiones por 100 millones de dólares en distintas áreas del resort. El proyecto incluye modificaciones en villas y espacios comunes bajo una lógica orientada al bienestar y la conexión con la naturaleza.
Sustituir espacios de trabajo por lugares que funcionan como mini bares, libreros o decoraciones son parte de la primicia. (Foto: Cortesía)
De acuerdo con el documento interno de la renovación, el objetivo consiste en responder a una evolución en las expectativas de los huéspedes, quienes buscan espacios privados inmersos en selva y lagunas, así como experiencias vinculadas con la cultura local y el entorno natural.
La estrategia también muestra cómo el diseño turístico comienza a alejarse de una lógica centrada únicamente en servicios y amenidades para incorporar conceptos ligados al bienestar emocional y sensorial.
El wellness real estate, uno de los segmentos con mayor crecimiento dentro del estudio del GWI, alcanzó un valor de 548,400 millones de dólares en 2024. El reporte ubica a este sector entre los de mayor expansión dentro de toda la economía del bienestar.
El organismo relaciona este crecimiento con proyectos inmobiliarios y turísticos diseñados específicamente para influir en el bienestar físico y mental mediante iluminación natural, ventilación, relación con vegetación, espacios de contemplación y reducción de los estímulos urbanos.
La habitación ocupa un papel principal en los alojamientos.(Foto: Cortesía)
La tendencia también avanza en paralelo con el crecimiento del turismo de bienestar, que alcanzó 893,900 millones de dólares en 2024, según el mismo reporte.
Para Cunha, parte del cambio consiste en modificar la relación entre el huésped y el lugar. “Hoy las personas buscan identidad, buscan experiencias únicas”, dijo
Buscan una experiencia más conectada con el lugar y con la historia del lugar.
Afonso Cunha, gerente general de Banyan Tree Mayakoba.
En ese contexto, la arquitectura comienza a asumir funciones que antes no estaban asociadas directamente con el descanso. La distribución de espacios, los materiales, la orientación de las habitaciones, la ventilación y la relación con el paisaje se convierten en herramientas para construir experiencias ligadas a la desconexión y al retiro personal.
La lógica detrás de estos proyectos también refleja un cambio dentro del turismo de lujo. El énfasis deja de colocarse únicamente en materiales costosos o espacios ostentosos y se desplaza hacia privacidad, personalización y experiencias vinculadas al entorno. “Creo que el lujo hoy día es eso. Es una conexión enorme al lugar”, dijo Cunha.
Las áreas generales se separan de las de descanso para no interferir en las actividades.(Foto: Cortesía)
En paralelo, hoteles y desarrollos turísticos comienzan a competir no solo por ubicación o servicios, sino por su capacidad de construir espacios donde el visitante pueda reducir el ritmo, permanecer aislado del entorno urbano y mantener una relación constante con los elementos naturales.
La arquitectura, en ese proceso, deja de funcionar únicamente como contenedor de experiencias y comienza a formar parte de ellas.