Publicidad

La Ciudad de México suma una nueva función industrial: abastecer al consumo interno

El crecimiento del consumo digital y la presión de la última milla están cambiando el perfil del inquilino y la forma en que se contratan los espacios industriales en la capital.
jue 05 marzo 2026 06:01 AM
operador logístico
En lugar de grandes corporativos manufactureros enfocados en exportación, el mercado capitalino recibe cada vez más operadores logísticos, plataformas de comercio electrónico y empresas dedicadas a la distribución urbana, señala Sofía Alejandra Díaz Miranda. (Foto: iStock)

Durante años, el crecimiento del mercado industrial mexicano se explicó casi exclusivamente a partir de una narrativa: manufactura orientada a exportación y cadenas productivas vinculadas a Estados Unidos. El nearshoring reforzó esa visión, con parques industriales diseñados principalmente para fabricar y enviar mercancía al exterior.

La Ciudad de México nunca fue el principal nodo manufacturero del país, pero sí formó parte de ese ecosistema ampliado. Hoy, sin embargo, está ocurriendo algo distinto. La capital no está abandonando su vocación industrial; está sumando una nueva función económica: convertirse en infraestructura del consumo interno.

Publicidad

El auge del comercio electrónico es parte central de esta transformación. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), el valor del comercio electrónico retail en México alcanzó cerca de 790 mil millones de pesos en 2024, con un crecimiento anual de 20%. El canal online ya representa alrededor del 16% del total de las ventas minoristas y más de 67 millones de personas compraron en línea durante el último año. La penetración digital se acerca al 84%. El comercio electrónico dejó de ser un canal complementario; hoy es estructural.

Ese cambio en los hábitos de compra tiene implicaciones físicas y territoriales. Reducir tiempos de entrega y optimizar costos logísticos se volvió prioritario. La última milla no es solo una etapa más de la cadena: es el diferencial competitivo.

En la práctica, esto se traduce en mayor demanda por espacios industriales más pequeños, mejor ubicados y dentro o muy cerca de la ciudad. A diferencia del modelo exportador, donde la localización responde principalmente a corredores carreteros y fronterizos, la logística urbana exige proximidad real al consumidor final.

En este contexto, la Ciudad de México ya no compite con la frontera por atraer manufactura exportadora. Compite por velocidad de entrega.

Este giro operativo comienza a reflejarse también en la estructura de los contratos. De acuerdo con reportes de CBRE, mientras los mercados fronterizos permanecen predominantemente dolarizados por su integración al ciclo exportador, en la Ciudad de México se observa una mayor participación de cierres denominados en pesos, especialmente en operaciones vinculadas a logística urbana y última milla. En años previos predominaban los contratos en dólares; sin embargo, durante 2024 y lo que va de 2025 el mercado ha mostrado una tendencia hacia un mayor equilibrio en la moneda de los cierres.

No se trata únicamente de un fenómeno cambiario. Lo que está cambiando es el perfil del inquilino. En lugar de grandes corporativos manufactureros enfocados en exportación, el mercado capitalino recibe cada vez más operadores logísticos, plataformas de comercio electrónico y empresas dedicadas a la distribución urbana. Son compañías que priorizan cercanía al consumidor, rapidez de entrega y eficiencia operativa local. Naturalmente, muchos de estos contratos se estructuran en pesos.

Publicidad

El resultado es una reconfiguración funcional del mercado industrial mexicano. El norte del país continúa anclado al ciclo exportador, con contratos en dólares y vocación manufacturera clara. El centro, con la Ciudad de México como epicentro, fortalece su papel como plataforma logística del consumo doméstico.

Para desarrolladores e inversionistas, este matiz no es menor. Implica evaluar no solo el impacto del nearshoring, sino también el crecimiento del consumo interno y su efecto en la demanda de espacio. Cambia el tipo de activo más demandado, la ubicación óptima, la duración de los contratos y, en algunos casos, la estructura monetaria de los flujos. El real estate industrial comienza a comportarse menos como un activo exclusivamente ligado al comercio exterior y más como infraestructura económica urbana.

También plantea desafíos para la ciudad. La presión sobre zonas industriales consolidadas, la movilidad y la planeación territorial se intensifican a medida que la logística se integra más profundamente en la dinámica urbana. El crecimiento del comercio digital no solo transforma cómo compramos; transforma dónde y cómo se organiza la infraestructura que lo hace posible.

El nearshoring fue el primer capítulo del reciente auge industrial. El fortalecimiento del consumo interno es el segundo. En la Ciudad de México, ambos procesos conviven. Pero si algo empieza a quedar claro es que la capital está ampliando su papel dentro del sistema productivo nacional. Ya no solo conecta a México con el exterior. Cada vez más, conecta a la ciudad con su propio consumo.

____

Nota del editor: Sofía Alejandra Díaz Miranda es Asociada en O´Donnell. Escríbele a sofiadiazmi@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Publicidad

Publicidad