En 2002, la Corporación para el Desarrollo del Bajo Manhattan (LMDC, por sus siglas en inglés) lanzó un concurso internacional para definir la reconstrucción del World Trade Center. La propuesta de Studio Libeskind fue seleccionada.
La firma explica que, durante el proceso, Libeskind trabajó con supervivientes del 9/11 bajo la premisa de que la reconstrucción representaba un desafío que no era únicamente arquitectónico, sino también profundamente humano.
Dos torres hechas de luz
El proyecto planteó una relación entre la trayectoria del sol y la cronología de los atentados. La idea convirtió al sol en una especie de reloj arquitectónico cada 11 de septiembre.
En el Oculus, la terminal de transporte diseñada por el arquitecto e ingeniero español Santiago Calatrava se incorpora un gran tragaluz de aproximadamente 335 pies de largo.
La estructura fue concebida para que la llamada “Senda de la Luz” atraviese el vestíbulo principal de la terminal a las 10:28 de la mañana, momento en que la primera de las dos torres gemelas se derrumbó el 11 de septiembre de 2001.
Mientras la luz avanza por el interior del Oculus, también ilumina con forma de dos columnas paralelas que evocan simbólicamente a las Torres Gemelas originales.
Arquitectura entre memoria y renovación
El concepto de Memory Foundations no se limitó al Oculus. El plan maestro de Libeskind planteó conservar elementos relacionados con la historia del lugar y la recuperación urbana del Bajo Manhattan.
En el corazón del antiguo complejo del World Trade Center permanece el sitio destinado al memorial principal.
El Memorial, donde las huellas originales de las Torres Gemelas fueron preservadas como espacios de conmemoración.
Las grandes superficies de agua contribuyen a crear una atmósfera contemplativa y a reducir el ruido de la ciudad. En medio de uno de los distritos más transitados de Nueva York.
El proyecto contempla además la exposición y conservación del muro de contención original del World Trade Center, una enorme estructura construida para contener las aguas del río Hudson.
Para Studio Libeskind, el proyecto representa un marco urbano donde el renacimiento del Bajo Manhattan está guiado por la arquitectura, pero también por la luz, el tiempo y la presencia permanente de la memoria.
El proyecto ha recibido diversos reconocimientos. En 2004 obtuvo el premio Best of New York , en la categoría “Edificio de Nueva York”, otorgado por la Fundación del New York City College of Technology. En 2018 recibió además el Premio CTBUH al Hábitat Urbano.
Más de dos décadas después de los atentados, la Cuña de Luz, el recuerdo del 11 de septiembre se mantiene vigente como una franja de luz que atraviesa la arquitectura.