Hacer caminable una ciudad implica rediseñar calles, pero también alinear actores, políticas públicas y comunidades, de acuerdo con investigadores del Tec de Monterrey.
La caminabilidad de las ciudades depende de elementos como la coordinación entre instituciones, la infraestructura y mapeo de los actores que intervienen en el espacio público.(Arturo Peña Romano Medina/Getty Images)
Redacción Obras
En la Ciudad de México y en el mundo caminar es para millones de personas la forma cotidiana de moverse. Cerca de dos terceras partes de la población reportan caminar como su principal modo de transporte y más de 11 millones de viajes diarios se realizan exclusivamente a pie, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Instituto de Ingeniería de la UNAM.
Sin embargo, las condiciones para son desiguales entre barrios, con banquetas deterioradas, cruces inseguros o infraestructura inexistente en muchas zonas.
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Pero la realidad puede cambiar. A través de la mejora de infraestructura, socialización de problemas y coordinación entre instituciones, las ciudades pueden ser no solo más seguras para los peatones, sino fomentar que las personas utilicen los espacios públicos para moverse.
Esos fueron los hallazgos de Distrito Tlalpan, un proyecto del Tec de Monterrey al Sur de la Ciudad de México que buscó replantear las calles desde la caminabilidad. Aunque se trata de una intervención localizada, su experiencia muestra algunas de las claves que pueden orientar a otras ciudades que buscan volver a poner al peatón en el centro de la planeación.
Millones de personas realizan sus traslados diarios caminando, pero se enfrentan a retos de inseguridad y obstáculos físicos.(ferrantraite/Getty Images)
1. La caminabilidad no es solo movilidad
Para Ryan Anders Whitney, investigador y miembro del Centro del Futuro para las Ciudades de la universidad, la ciudad no se limita al transporte. Está ligado a la salud física y mental, al bienestar y a la calidad de vida urbana.
También tiene un componente social. En América Latina representa cerca de un tercio de los viajes diarios, en muchos casos por necesidad económica más que por elección.
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Por ello, mejorar las condiciones para caminar implica intervenir el entorno construido. Banquetas seguras, iluminación, espacios públicos y accesibilidad determinan si una persona puede o no desplazarse a pie.
2. La infraestructura es el punto de partida
En el caso del sur de la capital, las intervenciones partieron de un diagnóstico claro: calles con infraestructura peatonal deteriorada y falta de espacios públicos adecuados.
Estudios previos identificaron problemas de accesibilidad regional y malas condiciones de infraestructura peatonal y ciclista alrededor del campus universitario que detonó el proyecto.
Las intervenciones incluyen ampliación de banquetas, cruces seguros, iluminación peatonal y señalización. También se incorporan elementos que mejoran el entorno urbano, como vegetación o soluciones para el manejo del agua de lluvia.
Uno de los mayores desafíos para hacer caminables las ciudades no es técnico sino institucional. Los proyectos urbanos suelen depender de múltiples niveles de gobierno y de agencias con responsabilidades fragmentadas.
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En ciudades como la capital mexicana, la superposición de funciones entre gobierno federal, autoridades locales y alcaldías complica la ejecución de proyectos a largo plazo.
La planeación urbana también sufre por cambios políticos y ciclos electorales que interrumpen las estrategias, de acuerdo con Eugen Resendiz, profesora investigadora de la institución.
Por eso, iniciativas como la del sur de la ciudad, que comenzó después del sismo de 2017, requieren acuerdos constantes con dependencias públicas, autoridades locales y actores comunitarios.
En el estudio de Distrito Tlalpan se mapearon a, por lo menos, 47 actores involucrados.(espiegle/Getty Images)
4. Los actores urbanos son muchos
Un proyecto de caminabilidad rara vez depende de una sola institución. El análisis del caso de Distrito Tlalpan identificó 47 actores involucrados entre gobierno, universidades, organizaciones civiles, consultores y comunidades locales.
Esta red incluye desde dependencias de movilidad hasta vecinos y comercios. La coordinación entre ellos determina si una intervención logra avanzar o se queda en el papel.
Los investigadores coinciden en que identificar a todos los participantes de la red y mantener comunicación constante con cada uno, para atender sus necesidades, hace la diferencia sobre la implementación de los cambios y su posterior usabilidad.
5. Las instituciones ancla pueden detonar cambios
Las universidades, hospitales o grandes instituciones con presencia permanente en un territorio pueden actuar como catalizadores urbanos.
En la literatura urbana se conocen como anchor institutions, organizaciones cuya estabilidad depende del entorno donde se ubican y que, por ello, invierten en mejorar su entorno urbano.
Su capacidad para articular alianzas públicas y privadas puede acelerar proyectos que de otro modo tardarían años en concretarse.
6. La comunidad debe formar parte del proceso
La transformación del espacio público no se sostiene sin participación social. Los proyectos de caminabilidad suelen enfrentar resistencia inicial, en particular cuando implican cambios en el uso de la calle o reducción del espacio para vehículos.
Por ello, los procesos de socialización y diálogo con vecinos y usuarios del espacio resultan permanentes. No se limitan a la etapa de diseño, sino que continúan durante la ejecución de las obras.
Para hacer ciudades caminables también se deben hacer políticas públicas.(pawel.gaul/Getty Images)
7. Caminar también es política urbana
El reto de hacer caminables las ciudades no depende solo del diseño de calles. Está ligado a decisiones de política pública, inversión en infraestructura y visión a largo plazo.
Las ciudades latinoamericanas enfrentan una paradoja. Aunque millones de personas caminan todos los días, la infraestructura para hacerlo suele ser la más rezagada del sistema de movilidad.
Cambiar esa lógica implica reconocer al peatón como el usuario central del espacio urbano.
La experiencia en el sur de la Ciudad de México muestra que la caminabilidad no surge de una sola obra. Es el resultado de infraestructura, coordinación institucional, participación social y visión urbana. Solo cuando esos elementos se alinean, la ciudad comienza a volverse caminable.