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Horizonte urbano del siglo XXI: el pivote tecnológico y demográfico latino

Aunque efectiva para consolidar nuevas dinámicas comerciales, la tecnología está lejos de ser la panacea de los problemas de la región, considera Juan Huicochea Mason.
mié 31 agosto 2022 12:00 AM
inversion-infraestructura
El sector de desarrollo en infraestructura y construcción sufre actualmente de falta de propuestas que estén alineadas con los objetivos de sostenibilidad económica, ambiental y social, considera Juan Huicochea Mason.

(Obras) - Latinoamérica hoy vacila con convertirse en un referente histórico donde más de la mitad de su territorio y cuatro de sus cinco principales economías (con Brasil en considerables posibilidades de sumarse en las siguientes semanas) se han convertido en una democracia social.

Efecto reduccionista de los ciclos económicos que responden al degrado de la ralentización o , quizá, resultado de un proceso de transformación cultural, Latinoamérica tiene la posibilidad de ser hoy un referente internacional.

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Las piezas que han granjeado un nuevo paradigma regional parecen ser más profundas que la explicitud de su reclamo público y engloba tres argumentos profundos:

1) un enroque de poder generacional,
2) la centralización de recursos, y
3) la emergencia de nuevas dinámicas sociales impulsadas por la tecnología.

El cambio generacional queda respaldado en el reporte del 2014 “Proyecciones de Población” de la CEPAL, el sector de población entre los 18 y los 42 años es actualmente el más amplio en la región: debe entenderse así que los mercados y las demandas civiles tienden y tenderán a favorecer estos sectores.

Por ejemplo, el crecimiento global del sector de activos y vehículos sustentables ha sido referido principalmente a la expectativa futura de su demanda: los millennials tienden a querer un mundo más consciente del impacto ambiental y social, y los mercados lo saben.

A la par, se percibe la centralización de recursos en economías específicas. Brasil, México, Argentina, Chile, y Colombia se han posicionado como las economías dominantes de la región y sus ciudades son hoy en día amplias reservas de talento, capital y servicios que paulatinamente han ganado terreno competitivo con sus homólogos de primer mundo.

No es de sorprender que las capitales sean responsables de la producción de entre el 15 y el 40% del PIB de cada país. La concentración urbana parece ser causa y efecto de nuestras diferencias sociales: una diferenciación que ha ganado la coronación de 8 países latinoamericanas entre los 20 países de mayor desigualdad por coeficiente Gini.

Finalmente, el desarrollo tecnológico es un factor de cambio radical actual y futuro. La reciente agilidad de distribución de recursos en nombre de capital de riesgo y demás vehículos financieros, junto con la acelerada revolución de diferentes tecnologías, han incrementado considerablemente la oferta y la demanda, principalmente en sus formas digitales.

No sorprende, es una financiera tecnológica (fintech) de menos de 10 años de fundación la que se coronó en 2022 como la mayor emisora de tarjetas de crédito en México y Colombia: Nubank. La inclinación de poderes industriales hacia las compañías de ágil adopción tecnológica sugiere encontrar momentum inmediato en el área financiera que será seguida de cerca por la logística, comercialización, e inmobiliaria.

Aunque efectiva para consolidar nuevas dinámicas comerciales, la tecnología está lejos de ser la panacea de los problemas de la región. Más aún, su uso puede girar hacia la exacerbación si los incentivos y las políticas públicas no son orientadas a su desarrollo inclusivo.

Pensemos en la advertencia del Banco Mundial en 2017, si bien la zona económica tiene un retraso promedio de 8 años en comparación a sus homólogos desarrollados, el principal problema es y seguirá siendo la correcta distribución de sus recursos.

Si las dinámicas sociales siguen la tendencia de centralización de capital, la tecnología no servirá sino para abonar los intereses de grupos específicos. La problemática es trasladable al sector de desarrollo urbano e inmobiliario.

El sector de desarrollo en infraestructura y construcción sufre actualmente de falta de propuestas que estén alineadas con los objetivos de sostenibilidad económica, ambiental y social. Lograr los acuerdos de París y los 17 objetivos sostenibles de la ONU implican una inversión en infraestructura de cerca de 6 trillones de dólares anuales, los cuales rebasan en más del 50% la producción actual.

 

El Banco Mundial y JP Morgan, entre otros, confirman que el problema recae en la falta de proyectos sustentables que sean atractivos para la inversión dado que el apetito y disponibilidad de inversión están sobre la mesa. En otras palabras, el problema está hoy en día del lado de las administraciones públicas y los desarrolladores.

Entender esto es fundamental, ya que el sector inmobiliario y de transporte terrestre representa cerca del 55% de las emisiones de gas invernadero, y las ciudades albergarán más del 70% de la población en 2050. El desarrollo de estas define la calidad de vida, oportunidades, accesibilidad a recursos y calidad del medio ambiente: de la oferta de proyectos dependen estas aristas.

Este es el proyecto que le compete hoy al sector de un desarrollo urbano inteligente e inclusivo que impactará cerca del 20% del PIB inmediatamente. Para su desarrollo sostenible se necesita conjugar la voz de líderes intelectuales, líderes industriales y de la administración pública para nuestro futuro. Parece ser para latinoamérica el momento de hacerlo diferente.

Nota del editor: Juan Huicochea Mason es investigador del Laboratorio de Urbanización Sostenible, candidato en MS Real Estate Development '22 del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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