#ObrasInsignia: La Tallera, el nido de las obras de Siqueiros prevalece como espacio cultural
El artista donó el espacio en donde vivió y produjo La Marcha de la Humanidad para que se convirtiera en un espacio cultural, objetivo en el que la arquitecta Frida Escobedo colaboró en 2012.
La Tallera se ubica en calle Venus 52, Jardines de Cuernavaca, en Morelos.(Fotos: Frida Escobedo Studio)
Diana Zavala
Cuernavaca es una ciudad bien conocida por los habitantes de la Ciudad de México como su escape de fin de semana o destino de vacaciones de verano. Sus avenidas, cada vez con más negocios; el centro histórico; y las casas con alberca que se extienden hacia municipios aledaños forman parte de esa estampa. Pero hay un espacio donde, desde hace décadas, el arte hace eco y que, a pesar de su monumentalidad, pareciera estar escondido: La Tallera. Se trata de una de las dos casas que habitó David Alfaro Siqueiros en los últimos años de su vida y que fue su sueño hecho realidad.
Es un lugar para habitar, recibir a sus amigos y disfrutar de fiestas a la orilla de la alberca, pero también un espacio con un taller diseñado a su medida, que le permitía experimentar, innovar y dar vuelo a su creatividad.
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El sitio cumplió tan bien sus expectativas que ahí se concibió La marcha de la humanidad del Polyforum Siqueiros, en la colonia Nápoles de la Ciudad de México, una de las obras muralistas más importantes del mundo.
Hoy, para llegar al lugar, se atraviesa un barrio residencial silencioso, de fachadas herméticas, calles empedradas y vegetación que forma un túnel de sombra y engrandece la sorpresa de encontrar el frente de La Tallera.
Una gran explanada está rematada por dos murales monumentales, con los característicos colores rojo, anaranjado y negro del artista. Esta fachada da la bienvenida a un espacio donde aún se cocina el arte y la cultura, con exposiciones que exploran el sitio concebido por Siqueiros para producir sus proyectos, así como actividades dirigidas a la comunidad morelense.
Pero no siempre fue así. Durante décadas, este espacio pudo haber pasado inadvertido, con murales que no invitaban a entrar y una historia que permanecía resguardada en su interior.
Desde 2012, tras una intervención arquitectónica que transformó su relación con la calle, La Tallera volvió a abrirse como institución pública, una de las dos sedes del Proyecto Siqueiros, junto con la Sala de Arte Público, en la Ciudad de México.
Su relevancia no proviene solo de su programación actual, sino del modo en que su arquitectura fue diseñada para producir arte y, más tarde, adaptada para exhibirlo, estudiarlo y ponerlo en circulación pública.
La explanada da la bienvenida con dos murales pintados por Siqueiros.(Foto: Rafael Gamo/Frida Escobedo Studio)
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Un taller antes que un museo
La historia de La Tallera comienza en 1965. Ese año, Siqueiros y su esposa, Angélica Arenal, inauguraron el lugar para ejecutar los paneles monumentales de La marcha de la humanidad, mural encargado por el empresario Manuel Suárez y Suárez.
El espacio no se pensó como estudio individual. Desde el inicio reunió a jóvenes pintores, escultores, arquitectos, químicos, fotógrafos, obreros, electricistas y soldadores, organizados como trabajadores asalariados coordinados por el propio muralista.
La producción se estructuró por secciones, con tareas especializadas y flujos de trabajo continuos.
Ese modelo quedó reflejado incluso en el nombre. Siqueiros decidió llamarlo en femenino, como homenaje a “la mujer creadora de vida”, según la documentación institucional de Proyecto Siqueiros.
“La Tallera es una idea que desde 1920 teníamos Diego Rivera y yo, es decir, la creación de un verdadero taller de muralismo donde se ensayaran nuevas técnicas de pinturas, materiales, aspectos geométricos, perspectivas, etcétera”, explicó el propio Siqueiros sobre el concepto que dio origen al recinto, en un testimonio recuperado por el Frida Escobedo Studio.
El espacio fue concebido para crear La marcha de la humanidad.(Foto: Rafael Gamo)
Arquitectura como herramienta de producción
El edificio se diseñó para responder a ese método de trabajo colectivo. La nave principal se construyó amplia, con techos altos y grandes ventanales que permitían el paso constante de luz natural, reforzando la lógica de taller abierto.
Siqueiros incorporó soluciones tomadas de los talleres mecánicos de la industria automotriz. Instaló un sistema de rieles elípticos suspendidos en una estructura de hierro desde el techo, por donde se desplazaban grúas mecánicas y eléctricas, de acuerdo con información proporcionada por La Tallera.
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Estas sostenían los paneles de cemento-asbesto, de gran tamaño y peso, que descendían hasta zanjas de más de dos metros de profundidad. Así era posible trabajar distintas secciones del mural a la altura deseada, sin necesidad de andamios. La arquitectura y el proceso creativo quedaron, desde entonces, entrelazados.
La herencia pública
El 12 de diciembre de 1973, veinticinco días antes de su muerte, Siqueiros donó al pueblo de México tanto la Sala de Arte Público como La Tallera. Su deseo expreso fue que ambos inmuebles preservaran y difundieran sus obras e ideas, y que funcionaran como centros de análisis y experimentación para el arte público del futuro.
La donación incluyó también pinturas, bocetos, grabados, archivo fotográfico, documentos y biblioteca personal.
Tras su fallecimiento, La Tallera atravesó distintas etapas administrativas. Entre 1974 y 1988 fue gestionada por el Fideicomiso David Alfaro Siqueiros, dirigido por Angélica Arenal.
La Tallera alberga exposiciones y actividades culturales de martes a domingo de 10am a 6pm.(Foto: Rafael Gamo)
Posteriormente pasó a resguardo del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Permaneció cerrada entre 1989 y 1995 y reabrió como centro cultural y museo, bajo distintas direcciones, hasta el año 2010.
Ese año, en el marco del Bicentenario de la Independencia, las autoridades culturales federales impulsaron un proyecto para recuperar su visibilidad y su papel cultural. El conjunto arquitectónico, taller y residencia, y los murales se encontraban en deterioro avanzado. Fue entonces cuando se convocó a un concurso arquitectónico por invitación para su rescate.
Abrirse hacia la ciudad
El proyecto seleccionado fue el de la arquitecta mexicana Frida Escobedo. La propuesta partía de un cambio fundamental: modificar la relación entre el museo y su entorno urbano.
En lugar de conservar el acceso como un umbral cerrado, el diseño planteó convertir la entrada en una plaza pública abierta a los transeúntes y rotar los murales Trazos de composición espacial y Trazos de composición piramidal, concebidos originalmente para exteriores, hacia la explanada frontal, conectando visualmente el museo con el parque contiguo.
“La Tallera genera una relación que concilia un museo-taller con las áreas que le rodean a partir de un simple gesto: abrir el patio del museo a una plaza adyacente, girando una serie de murales desde su posición original”, describe el despacho de arquitectura en su ficha técnica del proyecto.
La remodelación concluyó en 2012. El conjunto ocupa un terreno de 3,085 metros cuadrados, con un área construida de 2,889 metros cuadrados.
La reorganización espacial se articula mediante planos, muros y murales, y una celosía perimetral que delimita el contexto urbano y funciona como pieza escultórica horizontal que contiene y muestra la obra de Siqueiros.
En el espacio se encuentra la casa y el taller del artista.(Rafael Gamo)
Un espacio en operación
Tras su reapertura en septiembre de 2012 bajo el nombre Proyecto Siqueiros: La Tallera, el recinto quedó definido como espacio museístico y educativo, centro de producción, exposición y pensamiento de arte contemporáneo, además de custodiar los murales in situ y contribuir a la investigación del legado del muralista.
Desde abril de 2019, La Tallera entró en una nueva etapa. Su oferta integra exposiciones de arte contemporáneo internacional y un programa pedagógico renovado, con plataformas orientadas a públicos locales.
En el lugar se puede visitar la antigua casa de Siqueiros.(Foto: Diana Zavala/Obras)
Estas actividades se inscriben dentro de la vocación de Proyecto Siqueiros, centrada en la relación entre arte y política, el carácter público del arte, la investigación y la experimentación material y conceptual.
La exposición más reciente y vigente es Entrelazo de Aurora Pellizzi, cuya obra invita a las personas a tener sesiones de patinaje en el lugar.
Así, el antiguo taller donde se ensamblaban paneles monumentales opera hoy como museo abierto, aula y espacio de producción simbólica. No como pieza inmóvil, sino como infraestructura cultural activa, diseñada primero para fabricar murales y después para exhibirlos, estudiarlos y ponerlos en diálogo con la ciudad que creció alrededor.