El Mundial, más allá de un evento deportivo, reconfigura la arquitectura de la CDMX
A meses del Mundial de 2026, la Ciudad de México vuelve a un proceso conocido: intervenir su infraestructura, adaptar edificios existentes y reconfigurar espacios públicos.
El fútbol cambia la manera en la que se configuran las ciudades.(walik/Getty Images)
Diana Zavala
En la Ciudad de México hay momentos en los que la ciudad cambia de forma visible. No ocurre todos los días, pero sí en ciertos periodos en los que la presión por recibir a miles de visitantes obliga a repensar espacios, infraestructura y edificios. El Mundial de fútbol es uno de ellos.
Cada vez que la ciudad ha sido sede de eventos de escala internacional, las transformaciones quedan inscritas en su trazo urbano.
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“La recepción de mundial y de eventos deportivos históricamente en la ciudad de México ha simbolizado la transformación ciudadana física y socialmente”, señala Mariela Martínez, directora de Open House 2026, festival de arquitectura y ciudad que este año se enmarca en el evento deportivo.
El impacto no se limita a estadios o vialidades. También se refleja en la arquitectura cotidiana, en cómo se diseñan los espacios y en las decisiones que determinan qué se construye, qué se adapta y qué permanece.
La arquitectura como registro
Los eventos masivos funcionan como una línea de tiempo. Permiten observar cómo era una ciudad antes de prepararse para recibir visitantes y cómo se transforma después.
En el caso de la Ciudad de México, los Juegos Olímpicos de 1968 y los Mundiales de 1970 y 1986 dejaron intervenciones que siguen presentes. No solo en equipamiento deportivo, sino en rutas, espacios públicos y obras que modificaron la forma en que se habita la ciudad, cuenta Mariela Martínez.
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La construcción de vivienda para los equipos olímpicos, la creación de estadios, la implementación de monumentos, e incluso cambios en la identidad gráfica de la ciudad son visibles todavía.
El Estadio Azteca se construyó para la Copa Mundial Fifa de 1970.(Carlos Perez Gallardo/REUTERS)
Hoy, de cara al Mundial de 2026, ese proceso vuelve a repetirse. Desde iniciativas como Open House, que se lleva a cabo del 17 al 22 de marzo, el objetivo es documentar ese momento intermedio.
“Lo que estamos intentando es justamente crear una imagen de los cambios que vienen, de dónde nos encontramos y qué proyectos nos están permitiendo que tengamos mejoras a la ciudadanía”, explica en entrevista.
La arquitectura, en ese sentido, se convierte en un registro físico de esos cambios.
De la infraestructura a los espacios cotidianos
La preparación para un evento de este tipo suele asociarse con grandes obras: estadios, aeropuertos o sistemas de transporte. Sin embargo, el impacto se extiende a otras escalas.
En la ciudad, las intervenciones incluyen desde proyectos de movilidad hasta la renovación de espacios públicos. También se observan ajustes en edificios existentes, que se adaptan a nuevas condiciones de uso.
“Nos vamos a encontrar con urbanismo, nos vamos a encontrar con movilidad, nos vamos a encontrar con espacios nuevos que están proponiendo avances en sustentabilidad y en tecnología”, detalla Mariela Martínez.
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A esto se suman espacios que ya existían y que se mantienen vigentes a través de procesos de adaptación. Algunos edificios se actualizan para responder a nuevas demandas, mientras otros evidencian la necesidad de intervención.
Entre el pasado y el futuro
Uno de los efectos más visibles de estos procesos es la convivencia de distintas capas de ciudad.
Por un lado, hay edificios históricos y obras que surgieron en otros momentos de transformación, como las asociadas a 1968. Por otro, proyectos recientes que responden a nuevas necesidades.
Esa mezcla permite leer la historia urbana a través de la arquitectura. “Nos vamos a topar con algunos espacios que están justo en el punto medio entre lo que era y lo que serán”, explica.
La selección de espacios en iniciativas como Open House responde a esa lógica, mostrar edificios de distintas épocas para entender cómo cada periodo dejó una marca en la ciudad.
Lo que queda después del evento
Aunque el Mundial es temporal, sus efectos no lo son. Las decisiones que se toman para recibirlo permanecen en la ciudad.
Algunas obras mejoran la movilidad o recuperan espacios público, otras evidencian la necesidad de mantenimiento continuo. En ambos casos, la arquitectura se convierte en el soporte de esas transformaciones.
También abre una conversación más amplia sobre el futuro urbano.