En México, este proceso encuentra un entorno con diversidad de actores, desde vivienda hasta proyectos industriales, y una disposición creciente a digitalizar operaciones.
El rezago estructural
El avance tecnológico ocurre sobre una base rezagada. De acuerdo con el Reporte Anual de Construcción 2026 de Buildpeer, la industria mantiene prácticas que limitan su productividad.
En promedio, “el 35% de las actividades de los profesionales de la construcción no aportan valor a la obra”, dice el informe. Parte de este tiempo se destina a tareas como la búsqueda de información o la corrección de errores derivados de la falta de coordinación.
Además, el 71% de los profesionales aún depende del correo electrónico, reuniones presenciales y documentos PDF para coordinar proyectos.
La fragmentación de la información también impacta los costos, “el 52% del retrabajo en construcción se debe a datos pobres y mala comunicación”, añade el análisis.
Una transformación cultural
Más allá de la tecnología, la adopción enfrenta una barrera interna. El cambio no depende únicamente de herramientas, sino de la forma en que las empresas operan.
“La brecha no es tecnológica, es cultural”, afirma Alberto Laris, socio fundador de Gaya.
La industria, explica, ha incorporado tecnología desde hace décadas, pero su uso responde a objetivos concretos como mejorar tiempos, calidad y control. Sin un propósito claro, la adopción pierde sentido.
En ese proceso, la capacitación y el aprendizaje continuo se vuelven parte de la implementación. “La ignorancia mata”, advierte Laris, al referirse a la necesidad de formar equipos capaces de utilizar estas herramientas.