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Construcción e inmobiliario aceleran su digitalización ante rezagos históricos

La adopción de herramientas digitales e inteligencia artificial busca corregir ineficiencias en una industria donde hasta 35% del trabajo no aporta valor.
mié 18 marzo 2026 05:30 AM
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La industria de la construcción es una de las más rezagadas en la implementación de la tecnología en su operación. (mikkelwilliam/Getty Images)

En una obra, los planos cambian, los costos se ajustan y las decisiones se toman en campo. Durante años, esa dinámica se realizó entre hojas de cálculo, llamadas y documentos dispersos. Hoy, ese esquema comienza a modificarse: la información se centraliza, los procesos se digitalizan y la inteligencia artificial entra en la operación diaria de desarrolladoras y constructoras.

El cambio no ocurre de forma homogénea, pero ya se instala como parte de la operación. La industria inmobiliaria y de la construcción se suman a la adopción de tecnología con el objetivo de no solo controlar los proyectos desde su ejecución hasta su operación, sino de hacerlo de forma eficiente y responsable.

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Para que esta transformación haya comenzado hicieron falta dos voluntades, empresas de tecnología que apostaran por crear herramientas enfocadas 100% en estos sectores, y compañías que se atrevieran a implementarlas.

Aunque se ha avanzado, persisten los retos en las industrias, principalmente vinculados al desconocimiento de su potencial.

Una adopción que acelera

En 2018 el índice de digitalización de la construcción apenas alcanzaba 5%, mientras que industrias como la química o la farmacéutica superaban el 20%, lo que evidenciaba la brecha tecnológica del sector.

Pero su adopción, aunque no es nueva, muestra una aceleración en los últimos años. La expansión de herramientas digitales, y en particular de inteligencia artificial, cambia el ritmo de integración.

“Si no aplican inteligencia artificial en su desarrollo o en su operación, están muertos”, señala Bruno Lerer, fundador de la plataforma de gestión de proyectos inmobiliarios Lebane.

Esa percepción contrasta con la resistencia inicial que generaban estas herramientas. De acuerdo con el directivo, hace tres años existía mayor desconfianza sobre el uso de datos. Hoy, la necesidad de optimizar procesos impulsa su adopción.

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La implementación de la tecnología permite tener control sobre las operaciones y ahorrar tiempo y recursos. (piranka/Getty Images)

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En México, este proceso encuentra un entorno con diversidad de actores, desde vivienda hasta proyectos industriales, y una disposición creciente a digitalizar operaciones.

El rezago estructural

El avance tecnológico ocurre sobre una base rezagada. De acuerdo con el Reporte Anual de Construcción 2026 de Buildpeer, la industria mantiene prácticas que limitan su productividad.

En promedio, “el 35% de las actividades de los profesionales de la construcción no aportan valor a la obra”, dice el informe. Parte de este tiempo se destina a tareas como la búsqueda de información o la corrección de errores derivados de la falta de coordinación.

Además, el 71% de los profesionales aún depende del correo electrónico, reuniones presenciales y documentos PDF para coordinar proyectos.

La fragmentación de la información también impacta los costos, “el 52% del retrabajo en construcción se debe a datos pobres y mala comunicación”, añade el análisis.

Una transformación cultural

Más allá de la tecnología, la adopción enfrenta una barrera interna. El cambio no depende únicamente de herramientas, sino de la forma en que las empresas operan.

“La brecha no es tecnológica, es cultural”, afirma Alberto Laris, socio fundador de Gaya.

La industria, explica, ha incorporado tecnología desde hace décadas, pero su uso responde a objetivos concretos como mejorar tiempos, calidad y control. Sin un propósito claro, la adopción pierde sentido.

En ese proceso, la capacitación y el aprendizaje continuo se vuelven parte de la implementación. “La ignorancia mata”, advierte Laris, al referirse a la necesidad de formar equipos capaces de utilizar estas herramientas.

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Desde su experiencia, la adopción tecnológica implica también un cambio en la forma de trabajar al integrar a los equipos, compartir información y asumir que los beneficios no son inmediatos.

La inversión en tecnología, señala, responde más a resultados de mediano plazo que a retornos instantáneos.

De la digitalización al modelo colaborativo

Uno de los cambios más relevantes ocurre en la forma de trabajo. La tecnología permite integrar a los distintos actores de un proyecto, arquitectos, ingenieros, desarrolladores, en una misma plataforma.

Esto se traduce en acceso simultáneo a información actualizada. “Cuando la información fluye, cuando todos hablan el mismo idioma operativo y cuando lo que ocurre en obra llega a oficina de manera clara, ordenada y verificable”, la productividad mejora, de acuerdo con el informe.

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La capacitación es una de las claves para la digitalización de procesos. (miniseries/Getty Images)

En este punto, la experiencia de Gaya se centra en la integración temprana de equipos. La constructora participa desde etapas de diseño para alinear costos, materiales y ejecución antes de iniciar obra.

Este modelo modifica la secuencia tradicional, en la que el constructor entra al final del proceso. “Al que más le vas a invertir de tus recursos en tu proyecto, no lo puedes dejar fuera”, explica Laris sobre la necesidad de involucrar a la constructora desde el inicio.

El uso de metodologías como Building Information Modeling (BIM) permite vincular diseño, costos y ejecución en un solo modelo, lo que reduce ajustes posteriores y facilita la toma de decisiones desde etapas tempranas. Además, el acceso compartido a la información permite que todos los participantes trabajen sobre una misma base de datos.

Entre la oportunidad y las limitaciones

El avance tecnológico también enfrenta condiciones estructurales. La disponibilidad de mano de obra, los tiempos de retorno de inversión y los procesos regulatorios influyen en la velocidad de adopción.

En México, el costo de la mano de obra ha sido históricamente un factor que reduce el incentivo para automatizar procesos, señala Laris de Gaya. A esto se suman las barreras administrativas para implementar soluciones nuevas.

También persisten dudas sobre el uso de herramientas como la inteligencia artificial. Desde Gaya, el enfoque se centra en su uso como apoyo y no como sustituto. La información que generan estos sistemas requiere validación y criterio técnico para su aplicación en proyectos.

Aun así, la industria comienza a incorporar procesos como la prefabricación y la modularidad, que requieren un mayor nivel de planeación y uso de tecnología. Estos cambios parten del diseño y la coordinación digital antes de trasladarse al campo.

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