Las construcciones de la Ciudad de México se despliegan sobre un suelo particularmente complejo, propenso a hundimientos, principalmente en el centro de la capital, pero también de alta sismicidad. No obstante, estos no son los únicos fenómenos que impactan las obras. Factores como construcciones en predios contiguos, inundaciones o el tránsito de vehículos pesados en avenidas circundantes también pueden comprometer las estructuras.
De acuerdo con Huella Estructural, empresa de monitoreo de edificaciones, en la Ciudad de México hay, por lo menos, 1,300 inmuebles con vulnerabilidades estructurales debido a hundimientos, envejecimiento de materiales y actividad sísmica.