Cementeras enfrentan alza de 10% en diésel y trabas en el uso de combustibles alternativos
Holcim, Cemex, GCC, Cruz Azul y Cementos Fortaleza buscan flexibilidad en regulaciones y menores costos en los procesos de uso de residuos para sustituir combustibles fósiles.
Las cementeras se mantienen estables a pesar de las tensiones geopolíticas.(GDMatt66/Getty Images)
Diana Zavala
El alza en los precios de los combustibles volvió a colocar a la energía en el centro de la operación cementera. En un sector donde el calor define el proceso productivo, los incrementos en diésel, electricidad y petcoke (coque de petróleo) impactan tanto el traslado de materiales como la operación de los hornos donde se produce el clínker.
“Tenemos un impacto directo, tanto en lo que tiene que ver con el diésel con un 10% de aumento en el combustible, y cómo movemos nuestro producto desde las plantas hasta los mercados, pero también por ser una industria intensiva en energías calóricas para nuestras plantas, tenemos un impacto muy importante en el petcoke , que es una de las materias primas fundamentales”, dijo Christian Dedeu, CEO de Holcim México.
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La presión no es menor en un sector que, por su naturaleza, son el segundo consumidor de electricidad en el país. Por lo que los incrementos de valor de la energía se reflejan directamente en la producción, de acuerdo con Julio Cedeño, director de la Cámara Nacional del Cemento (Canacem ).
De acuerdo con los precios de Futuros petróleo Brent al 24 de abril, el valor del barril se ubica en 104.4 dólares. En enero la cifra rondaba los 70 dólares.
Aunque la mayor influencia aún no se refleja en el Índice de Precios al Productor, que reporta con un mes y medio de retraso, el insumo ya tenía variaciones crecientes.
De acuerdo con el indicador del Inegi, la producción total incluyendo petróleo y servicios tuvo un crecimiento de 2.77% d marzo de 2025 a marzo de 2026. En tanto que el cemento reportó un incremento de 5.25%, casi el doble.
El impacto ocurre en un momento de ajuste para el sector. En 2024 a nivel nacional empresas como Holcim reportaron una caída de 6% en el volumen de cemento vendido. Para este 2026 se espera una recuperación de 2%, de acuerdo con Dedeu, aunque el panorama del combustible complejiza el crecimiento.
Christian Dedeu ve recuperación en la industria para este 2026.(Daniel Escutia / Expansión Studios)
La alternativa del combustible tradicional
La intensidad energética del sector se explica por el proceso de producción. La mayor parte del consumo se destina a generar calor en hornos que transforman materias primas en clínker, base del cemento.
“Ahora, nosotros tenemos una gran ventaja y es que la mayor parte de nuestra energía se va a calentar los hornos para hacer clínker. Por la tecnología y los procesos nosotros podemos sustituir los combustibles fósiles por combustibles alternativos”, señaló Cedeño.
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Esta vía, que se basa en el uso de residuos para calentar las calderas, es la apuesta del sector ya que aporta en dos vías, de acuerdo con el directivo de la Canacem. En primer lugar, aminora las emisiones de carbono y en segundo reduce la dependencia a los combustibles fósiles y las fluctuaciones de sus precios.
El residuo que ya no es reciclable y al que ya no le puedes sacar un valor, como las llantas, nosotros las podemos meter al horno, generamos calor y sustituimos los combustibles fósiles.
Julio Cedeño, director de la Canacem.
La industria en general se adelantó al panorama actual y echó a andar la estrategia de sustitución.
“Nosotros tenemos una estrategia que la traemos ya de años, que tiene que ver con el reemplazo de combustibles fósiles por residuos industriales, y residuos también domiciliarios, que nos permiten que aquí en México 40% del combustible que utilizamos viene de residuos, entonces eso nos permite mitigar un poco el impacto del precio del combustible”, explicó Dedeu.
La meta, para la empresa, es que en el país se utilice este tipo de alternativas en 70% hacia el 2030.
En el caso de la Canacem, la meta sectorial se ubica en 30% de sustitución hacia 2030. “Estamos en eso, la meta que tenemos al 2030 sustitución de combustibles fósiles por combustibles alternos es del 30%. Estamos cerca, no llegamos todavía, pero yo creo que pronto”, dijo Cedeño.
“En los últimos tres años redujimos 15% las emisiones absolutas de CO2. ¿Cómo? Bajando el factor de clínker, incrementando el uso de combustibles alternos, usando materias climáticas carbonatadas”, expuso Sergio Menéndez, presidente de Cemex México, en el foro de la Canacem, que se llevó a cabo el 22 y 23 de abril en la CDMX.
Compañías como Cemex apuestan por el uso de combustibles alternativos.(Foto: Canacem)
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En el evento, el uso de combustibles alternos se ubicó como una de las principales palancas para reducir emisiones. Directivos de empresas como Cemex, GCC, Cruz Azul, Fortaleza y Moctezuma coincidieron en que el uso de combustibles alternos enfrenta límites más allá de la capacidad técnica.
Señalaron que, aunque la industria avanzó en la sustitución energética como parte de su estrategia de descarbonización, el proceso implica costos adicionales que aún no se compensan en el mercado. También apuntaron que la falta de regulación detallada, incentivos y mecanismos de implementación reduce la viabilidad de escalar estos modelos.
Desde su perspectiva, el reto no solo es técnico, sino económico y normativo, ya que la transición requiere condiciones que permitan que estas prácticas sean sostenibles en el tiempo.
En ese sentido, la industria planteó la necesidad de mayor flexibilidad en los límites de sustitución, claridad en las reglas y una estructura de incentivos que reconozca el coprocesamiento de residuos como parte de la solución energética y ambiental del sector.
Más caro que el combustible fósil
Pero en la actualidad, el sector se enfrenta a un segundo problema. El cambio de fuente energética aún no elimina el problema de costos.
Son mucho más caros los alternos, mucho más caros. Por darte un ejemplo, la llanta. El poder calorífico de una tonelada de llanta es un tercio del de una tonelada de coque. ¿Qué quiere decir? Que para yo sustituir una tonelada de coque con pura llanta, necesito tres veces más.
Julio Cedeño, director de la Canacem.
A ello se suman costos adicionales en logística, preparación y manejo de residuos. “Si le agregas esto que te estoy comentando de que nos sale muy caro, porque además tienes que formular una serie de cuestiones, es mucho más caro usar alternos, pero es una de las vías que nosotros tenemos para cumplir con nuestros compromisos ambientales. Entonces, no importa el dinero, hay que hacerlo”, agregó.
Desde la perspectiva empresarial, el beneficio no es solo ambiental. “Totalmente”, respondió Dedeu al ser cuestionado sobre si el uso de residuos también tiene beneficios económicos.
Regulación y mercado, los principales límites
El avance en la sustitución energética enfrenta barreras regulatorias y de mercado que frenan su expansión.
El proceso implica permisos y cumplimiento de requisitos técnicos. “No es que nosotros podamos llegar a recoger llantas y meterlas, es un residuo especial, necesitas permisos, etc.”, añadió.
En el foro del sector, la regulación se identificó como una de las condiciones pendientes para avanzar en la agenda de sostenibilidad, que se suman a la falta de incentivos económicos, “en Europa tú me pagas porque yo te reciba tu residuo… En Europa ya no hay rellenos. Aquí a nosotros nos cobran para que recibamos el residuo”, explicó Cedeño.
El contraste refleja diferencias en la cadena de gestión de residuos y en la estructura de incentivos para su aprovechamiento.
Una transición condicionada
El incremento en los combustibles presiona a la industria cementera en costos y operación, pero también acelera su transición energética. El uso de residuos aparece como la principal alternativa para mitigar el impacto, aunque con costos más altos y limitaciones regulatorias.
En el foro del sector, la discusión sobre sostenibilidad y energía se ubicó como eje de la transformación. “Definitivamente la sustentabilidad está en el centro del futuro de nuestra industria”, señaló un directivo de Cemex.
El reto para las empresas consiste en sostener esa transición en un entorno donde los combustibles siguen marcando el costo base de producción y donde el aprovechamiento de residuos aún enfrenta barreras para escalar.