En una calle iluminada, la percepción de la gente sobre la seguridad cambia. La luz permite ver, identificar trayectorias y distinguir movimientos. Pero esa misma luz, cuando no se diseña con precisión, también puede generar zonas de sombra, deslumbramiento y efectos sobre especies de animales que comparten el espacio urbano.
En zonas urbanas, la luz artificial ya supera el 10% de la luminosidad natural del cielo nocturno, lo que reduce la visibilidad de estrellas y modifica el ambiente nocturno.
En la Ciudad de México, por ejemplo, el desafío sobre el diseño de la luminaria es doble. Existen zonas con iluminación excesiva y otras con carencias. La ausencia de estándares integrales complica la implementación de soluciones homogéneas.
El diseño del alumbrado público, más que su intensidad, determina si cumple su función. Una iluminación mal planteada puede producir el efecto contrario al que busca, reducir la visibilidad y alterar los ciclos de vida de plantas y animales.