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La oficina cambia de escala: corporativos se achican y firmas pequeñas se expanden

Mientras las empresas con más de 10,000 empleados prevén recortes de entre 10% y más de 30% en su huella inmobiliaria, las compañías más pequeñas anticipan incrementos.
vie 20 febrero 2026 03:24 PM
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Las oficinas se transformarán en 2026 tras reflexiones de la huella inmobiliaria. (gorodenkoff/Getty Images)

Las oficinas están cambiando de tamaño y de función al mismo tiempo. Mientras las grandes corporaciones planean reducir su huella inmobiliaria, las empresas más pequeñas prevén crecer, pero de manera contenida y estratégica. No se trata de volver a ocupar más metros cuadrados, sino de redefinir para qué sirve el espacio de trabajo rumbo a 2026.

El Design Forecast 2026 de Gensler identifica un punto de quiebre en la forma en que las organizaciones planean sus oficinas: las decisiones ya no parten de expectativas de crecimiento lineal, sino de escenarios flexibles.

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De acuerdo con el estudio, las empresas con más de 10,000 empleados esperan reducir sus oficinas, mientras que las compañías más pequeñas anticipan incrementos moderados en superficie, en algunos casos superiores a 30%, pero bajo esquemas de mayor eficiencia y adaptabilidad.

Esta divergencia marca el inicio de una nueva lógica inmobiliaria. Las grandes empresas ajustan portafolios amplios que se diseñaron para otra etapa del trabajo, mientras que las organizaciones jóvenes o en expansión buscan espacios más compactos, pero mejor equipados para colaboración, aprendizaje y presencia física puntual.

Menos metros, más intención

El estudio subraya que el futuro del trabajo no se define solo por cuántos días se acude a la oficina, sino por qué ocurre cuando las personas están ahí.

Gensler señala que los empleados consideran que necesitan la oficina más de lo que actualmente la usan, especialmente para tareas colectivas, formación y conexión entre equipos.

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En este contexto, la reducción de superficie no implica prescindir del espacio físico, sino hacerlo más específico. Áreas sobredimensionadas pierden sentido frente a entornos diseñados para distintos modos de trabajo: concentración individual, colaboración en equipo y actividades sociales o de aprendizaje.

“La idea de construir oficinas anticipando crecimiento quedó atrás”, plantea el documento, al señalar que el lugar de trabajo ahora se concibe como un activo estratégico que se ajusta conforme cambian las necesidades del negocio y de las personas.

La oficina como activo flexible

El análisis también apunta a un cambio en la forma de invertir en oficinas. Ante costos de construcción elevados y entornos económicos volátiles, las empresas priorizan edificios capaces de transformarse con el tiempo.

Esto incluye reconfiguración de plantas, usos mixtos y reutilización de inmuebles existentes, en lugar de desarrollos completamente nuevos.

“Los edificios que no pueden adaptarse se convierten en un riesgo”, advierte Gensler al describir cómo la flexibilidad pasó de ser una ventaja a convertirse en una condición básica del valor inmobiliario.

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Esta lógica explica por qué algunas grandes compañías concentran operaciones en menos ubicaciones, mientras fortalecen espacios clave, sedes centrales, hubs urbanos o campus híbridos, que combinan trabajo, innovación y relación con el entorno.

Pequeñas empresas, oficinas precisas

Para las empresas más pequeñas, el reto es distinto. El documento señala que muchas prevén incrementar su superficie, pero no para replicar modelos tradicionales. Buscan oficinas que puedan crecer gradualmente, integrarse al barrio y operar como plataformas de trabajo, más que como estructuras fijas.

En sectores como tecnología, bienes de consumo o medios, Gensler identifica una preferencia por espacios que inician en escala reducida y se expanden conforme el negocio madura, sin comprometerse desde el inicio a grandes superficies.

Hacia 2026: oficinas que cambian con la empresa

El panorama que traza Gensler para 2026 no apunta a una recuperación del tamaño previo a la pandemia ni a la desaparición de la oficina. Lo que emerge es un modelo en el que el espacio se ajusta al ciclo de vida de la empresa, a su estructura y a su cultura.

“La oficina deja de ser un contenedor estático y se convierte en una herramienta que evoluciona”, resume el estudio al describir un mercado donde el valor no está en la cantidad de metros cuadrados, sino en la capacidad del espacio para adaptarse, conectar y sostener el trabajo colectivo.

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