Esta lógica explica por qué algunas grandes compañías concentran operaciones en menos ubicaciones, mientras fortalecen espacios clave, sedes centrales, hubs urbanos o campus híbridos, que combinan trabajo, innovación y relación con el entorno.
Pequeñas empresas, oficinas precisas
Para las empresas más pequeñas, el reto es distinto. El documento señala que muchas prevén incrementar su superficie, pero no para replicar modelos tradicionales. Buscan oficinas que puedan crecer gradualmente, integrarse al barrio y operar como plataformas de trabajo, más que como estructuras fijas.
En sectores como tecnología, bienes de consumo o medios, Gensler identifica una preferencia por espacios que inician en escala reducida y se expanden conforme el negocio madura, sin comprometerse desde el inicio a grandes superficies.
Hacia 2026: oficinas que cambian con la empresa
El panorama que traza Gensler para 2026 no apunta a una recuperación del tamaño previo a la pandemia ni a la desaparición de la oficina. Lo que emerge es un modelo en el que el espacio se ajusta al ciclo de vida de la empresa, a su estructura y a su cultura.
“La oficina deja de ser un contenedor estático y se convierte en una herramienta que evoluciona”, resume el estudio al describir un mercado donde el valor no está en la cantidad de metros cuadrados, sino en la capacidad del espacio para adaptarse, conectar y sostener el trabajo colectivo.