Emanuelli subrayó que la reforma reconoce que la crisis de vivienda no se resuelve con una sola herramienta. “Se está reconociendo que es necesario efectivamente aumentar la cantidad de vivienda social asequible, que para ello es necesario suelo, que impacta de manera importante sobre el valor de la vivienda”, ejemplifica.
En ese sentido, el gobierno plantea una política integral que combina regulación, producción de vivienda y defensa de derechos. El objetivo, de acuerdo con Muñoz, es evitar que la ciudad se configure solo a partir de la lógica del mercado.
“Hay que entender que la vivienda es también un derecho humano”, afirmó.
Un proceso en construcción
La propuesta aún debe discutirse en el Congreso local. De aprobarse, sentará las bases para una ley de rentas que detallará los mecanismos para aplicar estos principios.
Por ahora, el derecho al arraigo abre una nueva línea en la política urbana de la capital. Para los especialistas, su alcance dependerá de cómo se traduzca en instrumentos concretos.
Mientras tanto, la discusión se centra en un punto: si la ciudad puede contener el desplazamiento sin frenar la inversión, y si el reconocimiento del arraigo logra cambiar la forma en que se habita la capital.