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Cómo una casa pasó de ser un hogar a un activo financiero que afecta a 3,400 millones de personas en el mundo

ONU-Hábitat evidenció que la crisis de vivienda aqueja a todo el mundo. El 40% de la población global se ve afectada por el aumento de los costos, la escasez y las malas condiciones.
vie 22 mayo 2026 12:26 PM
La vivienda: de hogar a un activo financiero que afecta a 3,400 millones de personas en el mundo
A finales de 2024, 123,2 millones de personas habían sido desplazadas forzosamente en todo el mundo, el doble de la cifra registrada una década antes. (shaunl/Getty Images)

Durante décadas, comprar una casa era uno de los símbolos de estabilidad económica y movilidad social, pero hoy es una posibilidad cada vez más lejana. Mientras que en 1980, una vivienda costaba en promedio 5 y 6 veces el ingreso anual de una familia, ahora la relación global promedia en 11.7 veces.

Según el Informe sobre las Ciudades del Mundo 2026 de ONU-Hábitat , la vivienda ha dejado de ser un derecho social para convertirse en un activo de inversión especulativa que afecta a 3,400 millones de personas en el planeta.

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De acuerdo con el organismo, el déficit habitacional mundial pasó de 251 millones de viviendas en 2010 a 288 millones en 2023. Al mismo tiempo, el precio de la vivienda creció más rápido en relación con los ingresos anuales, de 9.5 a 11.7 veces.

Esto significa que, sin gastar en ninguna otra cosa, como ropa, comida o transporte, una familia tardaría casi 12 años en conseguir un departamento promedio. Sin embargo, en sitios como Hong Kong tendrían que esperar 23.4 años.

En paralelo, 44% de los hogares del mundo destinan 30% más de sus ingresos para pagar rentas, provocando una sobrecarga financiera.

La ONU señaló que este fenómeno empezó desde los 80 con la liberalización de los mercados hipotecarios en la mayoría de los países occidentales, donde se relajaron las restricciones a la inversión doméstica y extranjera, y la desregulación bancaria amplió el acceso al crédito de manera exponencial.

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Cuando los mercados tomaron el control de la vivienda

Los fondos de inversión, desarrolladores orientados a segmentos premium, plataformas de renta temporal y capital especulativo modificaron el mercado urbano. En muchas ciudades, el valor de los inmuebles dejaron de responder a los salarios locales y comenzó a depender de la inversión.

El resultado fue que el financiamiento hipotecario creció mucho más rápido que la construcción de viviendas nuevas, y la población fue perdiendo la capacidad adquisitiva. La vivienda dejó de ser accesible.

"El crédito más fácil generó bucles de retroalimentación en los que el mayor acceso al financiamiento elevó los precios con más rapidez de lo que la oferta podía responder", apuntó la ONU.

Más créditos disponibles significa más compradores, a su vez, los compradores con financiamiento disponible, quienes establecieron precios más altos que beneficiaba a las personas que ya poseían inmuebles. Este rendimiento atrajo aún más la inversión especulativa.

Y así, los precios se despegaron de los ingresos de las familias.

“En muchos contextos, la función social de la vivienda —su papel para apoyar el bienestar, la equidad y el bien común— ha sido cada vez más opacada por su tratamiento como un activo financiero.”

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La situación no se queda en las viviendas, sino que también modifica la estructura urbana: colonias céntricas se encarecen, los comercios tradicionales desaparecen y miles de personas son desplazadas a zonas periféricas con menor infraestructura, mayores tiempos de traslado y peores servicios.

“Cuando están mal reguladas, la actividad especulativa y las inversiones corporativas a gran escala pueden socavar la asequibilidad y la seguridad habitacional de los hogares de bajos ingresos.”

La vivienda se volvió más cara que nunca

Entre 2010 y 2023, la relación precio-ingreso aumentó en todas las regiones del mundo, excepto Europa y América del Norte. Asia Central y del Sur tuvieron un efecto drástico, al pasar de 9,7 a 16.8 veces el ingreso.

La vivienda social perdió peso en los mercados. En India, por ejemplo, el segmento asequible pasó de ser el 52% de las nuevas construcciones en 2018, a 17% para 2025. Los desarrolladores abandonaron el mercado de familias de ingreso medio para enfocarse a compradores de alto nivel, donde los márgenes son más elevados.

En este contexto, el mercado se construye para quien puede pagar, y no para quienes necesitan habitar. Este costo impacta directamente a las carteras de las personas, ya que 44% de los hogares arrendatarios en el mundo destina más del 30% de su ingreso para pagar la renta, un umbral a partir se considera una “sobrecarga”.

En África Subsahariana, este porcentaje sube a 55%, en Europa y América del Norte, a 50%. Los números señalados por la ONU son promedios, pero hay picos más agudos.

Los más afectados suelen ser los jóvenes, los hogares encabezados por mujeres, los migrantes, las minorías visibles y otros grupos vulnerables.

Hacia un nuevo modelo: la función social del suelo

La crisis actual no es solo por falta de ladrillos, sino por un sistema que ha priorizado el valor de cambio sobre el valor de vivir.. Ante este escenario, ONU-Hábitat hace un llamado a recuperar la función social de la vivienda y el suelo.

El reporte sugiere que los líderes políticos deben reconocer los límites de los enfoques basados estrictamente en las finanzas y adoptar medidas equilibradas que incluyan:

- Monitoreo de la actividad inversora, para evitar burbujas especulativas que expulsen a los residentes locales.

- Apoyo a modelos no especulativos, como cooperativas de vivienda y fideicomisos de tierras comunitarias.

- Ajuste entre oferta y demanda.

"La vivienda es el techo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible... El progreso hacia las metas globales está indisolublemente ligado a nuestra capacidad para asegurar una vivienda adecuada para todos".

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Vivienda Vivienda y planificación urbana

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