Publicidad

Los límites pragmáticos de las disciplinas del hábitat

El diseño urbano abre puertas, pero la política pública decide cuántas puertas hay, a qué distancia están y quién puede cruzarlas.
mié 25 marzo 2026 06:00 AM
Los límites pragmáticos de las disciplinas del hábitat
La distancia crónica y la mala conectividad erosionan expectativas, restringen tiempo disponible y achican las oportunidades reales. Hay una relación directa entre vivir en la periferia y menor movilidad social, considera Luis Pablo López Medrano. (Foto: iStock)

El desarrollo y lo espacial o lo construido; lo tan poco pero tan mucho que cae en los que diseñan o construyen. No debería sorprendernos, pero aún no lo asumimos del todo: existe una relación directa entre el lugar dónde nacemos y nuestras posibilidades de alcanzar ciertos niveles de vida. En un país como el nuestro, los minutos que separan la casa del trabajo, de la escuela y de un parque seguro terminan predestinando —más de lo que quisiéramos—de entrada, los escalones que podremos subir a lo largo de una vida desde el momento en el que nacemos estadísticamente.

Publicidad

Esa “suerte” de nacimiento tiene coordenadas. El código postal, la accesibilidad cotidiana y la calidad del entorno explican a menudo más del futuro educativo y laboral que el esfuerzo, las calificaciones o incluso el ingreso del hogar. La distancia crónica y la mala conectividad erosionan expectativas, restringen tiempo disponible y achican las oportunidades reales. Hay una relación directa entre vivir en la periferia y menor movilidad social.

Aquí aparece la paradoja. La segregación urbana se juega en el terreno mismo de las ciencias del hábitat: arquitectura, urbanismo, planeación. Quienes diseñan las ciudades hablan —con razón— del espacio público, mezcla de usos y ciudad de proximidad, pero su margen de maniobra suele ser acotado por la forma en que organizamos el suelo, la regulación y los incentivos.

Puede sonar duro, pero construyen lo que se les encarga. ¿Quién encarga? Mayoritariamente el sector privado, que busca rentabilidad (véase mi artículo sobre la economía en “K”), dentro de reglas que fija el Estado y que terminan moldeando qué, dónde y para quién se construye naturalmente.

En síntesis, el diseño urbano abre puertas, pero la política pública decide cuántas puertas hay, a qué distancia están y quién puede cruzarlas. Cuando el marco dirige la ciudad hacia periferias baratas, servicios fragmentados y transporte precario, la oferta de arquitectos y urbanistas es limitada. En cambio, cuando las reglas alinean incentivos, el diseño multiplica su alcance y deja de ser sólo una respuesta a la demanda inmediata.

Por eso el llamado es a conectar con mayor fuerza diseño, desarrollo económico y políticas públicas. Un buen primer paso es iniciar a construir índices propios de oportunidad espacial, al estilo de Chetty en nuestro país: mapas finos por barrio que combinen tiempos de traslado, acceso a empleo y educación, costo de vivienda, seguridad, calidad del aire, conectividad peatonal y oferta de servicios. Con evidencia así, podemos primero que nada diagnosticar puntualmente el tamaño del problema, o magnitud de fuerza en la predisposición de terminar en cierto estrato si se nace en ese mismo por región en un país tan heterogéneo como el nuestro. Trabajar de forma interdisciplinaria no es un adorno: es la condición para destrabar lo estructural.

Publicidad

Usemos el plano espacial como herramienta para redistribuir tiempo, riesgos y oportunidades. Diseñar no es neutral. Cuando cambia el marco, el diseño deja de ser una postal y se convierte en rumbo.

Sí es factible, solo que desde el campo de terreno del marco bajo el cual se opera (políticas públicas), no solo construyendo y dando conferencias sobre como sería si no fuera éste, pero dando la conferencia desde dentro de éste y sin conocer o estar consciente si quiera el marco bajo el cual se opera o forman las políticas públicas.

La ciudad es un ecosistema vivo; el que esté vivo significa que es moldeable y genera respuestas/reacciones, no es fijo; hay injerencia sobre ésta y la hay muy concretamente ya que estas líneas dictaminan los flujos de actividades del día a día; no son dadas.

Pongo un ejemplo; Hablan del acceso al espacio público, Vivienda digna, etcétera, como mencioné X% de la construcción comercial y residencial es efectuada por la iniciativa privada (no el Gobierno); y para que ésta opere, es decir como cualquier cooperación, tiene la obligación u operar para acaparar un margen que compense el riesgo asumido y recursos invertidos lógicamente (utilidad); bajo los paradigmas actuales. Ceteris paribus (en igualdad de condiciones); estos proyectos no se efectúan porque no son rentables.

Entonces el reto está en: ¿qué moldeamos o movemos para que lo sean? Yo no sé. Pero la discusión debe estar ahí pienso yo, con un lente interdisciplinario y abierto, colaborativo y sobre todo, con los pies en la tierra para poder ser pragmáticos y mover estos flujos que mencione.

Publicidad

Pero creo el primer paso es reconocer; donde están las palancas; cuáles son las palancas (lo que no se puede medir, no se puede mejorar), definir los objetivos con estas palancas, y luego evaluar cómo vamos con estos objetivos moviendo las palancas que elegimos.

Es mover el marco, no aferrarnos al ideal de querer operar distinto dentro del mismo marco del cual rige; qué se construye, dónde y para quién, y por quién. La discusión me parece no está en cuántos árboles, sino cómo habilitamos que haya fuerzas que dirijan hacía una ciudad donde sea más probable que los árboles estén ahí en primer lugar.

Pero bueno, es solo lo que yo pienso. Empecemos a hablar más entre los no arquitectos con los arquitectos.

____

Nota del editor: Luis Pablo López Medrano es economista y asistente de investigación por la Universidad de Monterrey. Cuenta con experiencia académica en Aarhus University BSS y se desempeña como economista en Grupo Financiero B×+. Es un apasionado de la ciencia urbana, la historia y el análisis social, económico y contextual de la arquitectura como herramienta de transformación y desarrollo. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Publicidad