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Pedro Ramírez Vázquez, el acierto de la oportunidad

En diferentes etapas de su vida, el recordado arquitecto mexicano estuvo en los lugares y en los momentos correctos.
lun 13 abril 2015 12:53 PM
Pedro Ramírez Vázquez
Pedro Ramírez Vázquez - (Foto: quién.com/Cortesía: Pedro Ramírez Vázquez)

En la trayectoria del mexicano Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013) podrían hallarse una serie de encuentros afortunados que se cimentaron en el trabajo, en la visión y en su olfato para las coyunturas históricas.

Como muy pocos, parecía que Ramírez Vázquez siempre estaba en el sitio indicado haciendo su labor puntual y determinada. Repasamos momentos en los que el arquitecto fue clave, no sólo como proyectista, sino también como tomador de decisiones de vanguardia.

Estaba en el equipo fundador del CAPFCE y dijo "Yo"

En 1939 el estudiante Ramírez Vázquez cursaba el tercer año de arquitectura en la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ese año fue invitado por el arquitecto Ramiro González del Sordo a trabajar como dibujante al Departamento de Conservación de Edificios de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Su profesor y jefe de esa sección era el arquitecto José Luis Cuevas Pietrasanta, quien hacía tiempo que deseaba separar el área y acometer su función desde un comité independiente.

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Con su maestro José Luis Cuevas en 1942. FOTO: Tomada de 'Ramírez Vázquez en la Arquitectura'

La iniciativa rendiría frutos no sin antes preocupar a los involucrados. Cuevas había sido reemplazado cuando inició el gobierno del presidente Ávila Camacho, pero logró que el nuevo secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, conociera lo que se realizaba en Conservación. No podría haberle ido mejor: el comité se crearía y el jefe de Pedro fue el encargado de concretarlo. En 1944 se formalizó el Comité Administrador del Programa Federal para la Construcción de Escuelas (CAPFCE), hoy INIFED.

Componentes básicos del aula rural prefabricada. FOTO: Tomada de 'Ramírez Vázquez en la Arquitectura'

El joven Ramírez Vázquez, recién titulado, tomaría enseguida una estafeta que nadie quería: encargarse de la construcción de aulas en Tabasco. Lo había conseguido puesto que un arquitecto ya designado se negó a vivir en Villahermosa.

Delante de Torres Bodet, quien no conocía a Pedro, le dijo a Cuevas: "Maestro, yo me voy". Con su apoyo y la aprobación del secretario, se convirtió en el encargado de obras en aquel estado.

Nota: La arquitectura es un servicio: Ramírez Vázquez

Catorce años más tarde, el propio Torres Bodet hizo a Ramírez Vázquez gerente general nacional del CAPFCE. En su cargo idearía aulas prefabricadas: "El sistema ahorró costos, volumen, tiempo. Salones de clase que no requerían elementos técnicos complicados [...] Más de 30,000 se instalaron en nuestro país. La UNESCO apreció y adoptó el modelo en América Latina y luego en India, Tailandia, Filipinas, Sicilia [Italia] y Yugoslavia", describía para El Gráfico en 2003.


Fue uno de los creadores de CU, fundador y primer rector de la UAM

Cuando la Ciudad Universitaria se concibió, Ramírez Vázquez se involucró rápidamente. Los arquitectos egresados de San Carlos tuvieron en sus manos una tipología sin precedentes en México, ya que entonces la Universidad Nacional se encontraba diseminada en el Centro del DF en antiguos edificios.

Sobre su participación en el proyecto de la Facultad de Medicina, relataba con modestia en el libro Ramírez Vázquez en la Arquitectura (Diana-UNAM, 1989): "El director fue el maestro Roberto Álvarez Espinosa; el arquitecto que iniciaba su ejercicio profesional era yo...".

Facultad de Medicina, mural de Francisco Eppens. FOTO: cortesía Alan Prieto

Apenas había cumplido 31 años en 1950 y formó parte de "las infanterías técnicas" —como él las denominaba— que realizaron CU. Su autocrítica era notable, ya que confesaba años después que la Ciudad Universitaria, "se concibió y se llevó a cabo como una gran mudanza... el resultado fue una serie de ínsulas con poca visión académica de conjunto". Esta experiencia le dio madurez cuando el destino lo puso al frente de un proyecto motivante.

A principios de los años 70, la Asociación Nacional de Universidades (ANUIES) y la SEP habían determinado incrementar la capacidad educativa superior y ofrecer alternativas frescas a los aspirantes de licenciaturas y maestrías. Nacida por ley, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) sería un hecho y la junta directiva tras del proyecto designó a Pedro Ramírez Vázquez como su primer rector (1974-1975) sin haberse pegado un sólo tabique de la nueva institución.

UAM, Unidad Xochimilco. FOTO: Tomada de uam.mx

El arquitecto no sólo definió la arquitectura, sino también la oferta académica: "una estructura inter y multidisciplinaria a la vez que departamental...". Trazó entonces tres primeras unidades donde se evitaría el "gigantismo" y donde no se modificarían las instalaciones al aumentar la matrícula de alumnos: "Si una unidad se satura, se hará necesario construir otra, pero no se puede romper el equilibrio con un crecimiento desorbitado." El CAPFCE, que ya no lo dirigía él, se encargó de las obras. Hoy la UAM posee cinco unidades diferentes.


Fue un auténtico "relevista" olímpico

En 1963, la Ciudad de México fue designada sede de los XIX Juegos Olímpicos de 1968. Para 1965, el presidente Gustavo Díaz Ordaz designó a su antecesor, Adolfo López Mateos, como presidente del Comité Organizador. Sin embargo, ya muy delicado de salud, debió retirarse en 1966.

Al hacerlo, designó como su sustituto a quien hasta entonces era vicepresidente de Construcciones Olímpicas, el mismo Ramírez Vázquez. Aceptó en una posición complicada: la Olimpiada estaba a 27 meses de distancia y quedaba mucho por hacer.

Difusión de los avances de obras. Carta Olímpica 24. FOTO: Colección Prieto Soldevilla

Con la consigna presidencial de "darle al mundo una imagen de eficiencia y capacidad", Ramírez Vázquez incorporó diferentes innovaciones. Continuó al tanto de las obras de infraestructura deportiva que arrojaron la Alberca Olímpica "Francisco Márquez", el Palacio de los Deportes, el Gimnasio Olímpico "Juan de la Barrera", El Velódromo "Agustín Melgar" —todos libres de elementos que obstruyeran la visual del público—, y la Villa Olímpica en sus dos unidades, "Narciso Mendoza" y "Miguel Hidalgo", primeras creadas ex profeso para un evento olímpico.

Fue especialmente novedosa la organización de la Olimpiada Cultural que se llevó a cabo en paralelo, iniciativa del propio Ramírez Vázquez que integró a todos los países participantes y que por su relevancia dio la vuelta al mundo. Además, dispuso la creación de la imagen integral que el arquitecto Eduardo Terrazas, encargado del Departamento de Diseño Urbano para la Olimpiada, ha calificado de "epopeya gráfica", inundando la ciudad con los emblemas e información de los Juegos y el icónico logo de Lance Wyman. En el Departamento de Publicaciones, Beatrice Trueblood dirigió el aplaudido esfuerzo editorial para la difusión nacional e internacional.


Supo llegar muchas veces

Contrario a lo que se piensa, el proyecto para el Estadio Azteca no le fue adjudicado directamente, sino que lo ganó en concurso, imponiéndose ni más ni menos que a Félix Candela, por un lado, y a Enrique de la Mora, por el otro.

En El Estadio Azteca, historia del Coloso de Santa Úrsula (Clío, 2001), de Carlos Calderón Cardoso, se consigna que Ramírez Vázquez y su socio Rafael Mijares lograron el factor decisivo mostrando su proyecto a escala: "La maqueta impactó sobremanera a los presidentes de los equipos interesados: Guillermo Cañedo (América), José Manuel Núñez (Atlante) y Julio Orvañanos (Necaxa), así como al presidente del Futbol del Distrito Federal, Emilio Azcárraga Milmo, por un elemento ausente en otras maquetas: un techo volado, sin pilares ni cualquier otro elemento que estorbara la visibilidad de los espectadores...".

La primera piedra se colocó en agosto de 1962 y fue inaugurado el 29 de mayo de 1966. Al momento era el segundo mayor del mundo, sólo detrás del Maracaná de Brasil.

Ramírez Vázquez muestra la maqueta al presidente López Mateos. FOTO: Tomada de El Estadio Azteca, historia del Coloso de Santa Úrsula

A pesar de su éxito, en 1971 llegó la inactividad a su despacho. En ese lapso, leyó un comentario del conocido ingeniero Manuel González Flores —creador de los pilotes de control— sobre que el hundimiento de la Basílica de Guadalupe y que llegaría el momento para una nueva. El propio Ramírez Vázquez intuyó un posible concurso (que no ocurrió) y se anticipó ocupando su tiempo en analizar el antiguo templo y el flujo de fieles al lugar.

Luego de realizar anteproyectos que no salieron de la oficina, hubo trabajo y se puso en pausa la idea. Pero, una vez más, supo abrirse la puerta cuando en un evento conoció al abad de la Basílica. Le habló de su proyecto y el abad se extrañó: "¿Y quién se lo encargó?", le dijo. El arquitecto logró disuadir al abad, quien ya había pensado en un templo nuevo en la cima del Tepeyac con los arquitectos Gabriel Chávez de la Mora, José Luis Benlliure y el propio González Flores, luego incorporados al diseño de Ramírez Vázquez. De la obra aún no se hablaba.

Perspectiva del anteproyecto original de la Basílica. FOTO: Tomada de 'Ramírez Vázquez en la Arquitectura'

Pero otra vez su instinto se unía a su suerte. El presidente Luis Echeverría había platicado con el abad sobre la probable visita del papa Pablo VI en 1974. En poco tiempo, aquel proyecto que nadie le pidió, estaba autorizado. El tema económico pudo salvarse a propuesta del mismo arquitecto, quien confió en las donaciones de los fieles. La obra inició en 1975 y se inauguró el 12 de octubre de 1976, aunque aquel papa no vendría.

Quien sí vino en 1979 fue Juan Pablo II, y Ramírez Vázquez pudo mostrarle personalmente la reluciente Insigne y Nacional Basílica. Producto de su aciertos, 10 años después se convertiría en uno de los muy pocos arquitectos modernos en construir en Ciudad del Vaticano, donde culminó la Capilla Guadalupana, encargo directo del mismo pontífice.

 

Una vida plena

"Nací en Moctezuma 91, en la mera colonia Guerrero", relataba al diario El Gráfico en 2003. Su padre era originario de Texcoco, Estado de México, y su madre nació en Oaxaca. Vivían, materialmente, de los libros, puesto que su papá se dedicaba a su venta.

El autor de sinnúmero de edificios, precursor de los mercados públicos de concreto armado, especialista en diseño de museos y dependencias gubernamentales, creador de logotipos históricos, jamás dejó de contestar su correspondencia y era puntualísimo. Casado a los 28 años con Olga Campuzano, fue padre de dos hijas y dos hijos.

Pabellón de México en Sevilla, fotografiado en 2012. FOTO: Tomada de Flickr/Jujo87

Antes de México 68, ya había obtenido el Gran Premio de la XII Trienal de Milán por sus diseños de aulas prefabricadas al frente del CAPFCE y la Medalla de Oro de la VIII Bienal de Arte de Sao Paulo por su Museo Nacional de Antropología.

Consolidó muchas obras más en los años 70, 80, 90 y en este siglo XXI, destacándose la Embajada de Japón en México, la Cámara de Diputados, su Torre de Mexicana (hoy Torre Axa), el Museo del Templo Mayor, el Pabellón de México para la Feria de Sevilla 92, por mencionar algunas.

Ya trabajando con su hijo y colega, Javier Ramírez Campuzano, entregó el Auditorio Siglo XXI en Puebla -al cual recientemente le fue demolido su significativo acceso-mural de talavera y modificada toda la fachada-, las Unidades Cuajimalpa y Lerma de la UAM, y dejó en proceso diferentes proyectos.

Pedro Ramírez Vázquez dio su último aliento el 16 de abril de 2013, en la tarde de su cumpleaños número 94, en la Ciudad de México.

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