No es el material, es el uso: la aplicación ideal del MDF, aglomerado y madera en el interiorismo
La calidad y apariencia de los materiales es puesta en duda dependiendo de su costo, pero la realidad es que su desempeño dependerá en qué tipo de mobiliario y acabado se aplique.
Los tres materiales pueden ser utilizados en interiores y tener un buen desempeño a largo plazo. Todo depende de en qué se aplique.(Foto: Gemini)
Diana Zavala
En los interiores contemporáneos, pocos materiales generan tanto debate como el MDF y los tableros aglomerados, sobre todo por temas de resistencia y calidad de los acabados.
Están en cocinas, paneles, closets, libreros y mobiliario cotidiano y aunque su presencia es constante, su calidad suele ponerse en duda, sobre todo cuando se comparan con la madera sólida.
Para Francisco Sánchez Pérez, especialista en Ingeniería de Materiales y Mecánica de la Universidad La Salle, la discusión no pasa por si un material es “bueno” o “malo”, sino por si está bien elegido para el uso que se le da.
En el diseño interior, explica, estos materiales no cumplen funciones estructurales, pero sí resuelven necesidades de carga moderada, apariencia y costo.
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MDF y aglomerado: parecidos en apariencia, distintos en desempeño
El MDF (tableros de fibra de densidad media, por sus siglas en inglés) se fabrica a partir de fibras de madera unidas con resinas de base polimérica. Esta composición le permite comportarse como un material compuesto, con una estructura más homogénea y una resistencia mecánica mayor frente a ciertas cargas.
Su diseño prioriza la estabilidad dimensional y un buen acabado, por lo que su aplicación está orientada a paneles, recubrimientos y muebles, siempre que no requieran soportar esfuerzos estructurales.
“Si vamos a la parte de interiores o algún elemento que tenga que soportar alguna carga, sí me inclino más por MDF”, señaló el especialista, al referirse a los tableros de uso más extendido en mobiliario y recubrimientos.
El aglomerado, en cambio, se produce a partir de partículas de madera prensadas con resinas. Su distribución interna es aleatoria, lo que reduce su capacidad para resistir esfuerzos a compresión o flexión.
Por ello, su uso se concentra en muebles pequeños, elementos decorativos y aplicaciones donde el costo es una variable central.
“No es que sea malo. Simplemente por las propiedades que tiene o las aplicaciones a las cuales se debería de utilizar, no está siendo correcto en la selección”, aclaró Sánchez Pérez.
En términos de precio, el MDF suele ser ligeramente más caro que el aglomerado, diferencia que influye en la decisión de compra del consumidor. Sin embargo, esa diferencia también se refleja en su desempeño mecánico y durabilidad dentro del uso previsto.
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La madera sólida: resistencia, peso y costo
Frente a estos tableros industrializados, la madera natural sigue ocupando un lugar central en el imaginario de calidad. Su alta densidad y resistencia la hacen adecuada para muebles con cargas elevadas y elementos estructurales.
También implica mayor peso y un costo más alto, incluso en especies comunes como el pino o el cedro.
Sánchez Pérez explicó que por esta razón la madera sólida se reserva para aplicaciones específicas, mientras que el MDF ocupa un punto intermedio entre resistencia, peso y precio.
La madera destaca en los interiores por su calidad y estética, pero continúa siendo uno de los materiales más caros de incorporar.(Foto: Obras.)
El aglomerado, por su parte, se posiciona como la opción más económica, aunque con mayores limitaciones en desempeño y vida útil cuando se somete a esfuerzos no previstos.
Otro de los elementos que suele jugar en contra del MDF y aglomerados en la opinión en general, es su apariencia.
Pero en los últimos años, una de las evoluciones más visibles en estos materiales ocurre en el plano estético. En el pasado, los recubrimientos imitaban la madera de forma plana.
Hoy, los procesos de fabricación permiten integrar laminados, melaminas y texturas que reproducen vetas y superficies más complejas.
En el MDF, los acabados pueden aplicarse directamente mediante resinas, barnices o lacas, o bien integrarse durante el proceso de fabricación.
“El mercado demanda que se vea bonito”, dijo el especialista, al explicar que la apariencia se volvió una parte central del desarrollo de estos materiales, siempre ligada a su función y especificaciones técnicas.
Agua, reciclaje y reutilización
La sustentabilidad también forma parte del debate. En la producción de estos tableros, el consumo de agua y energía representa un reto, mientras que el reciclaje presenta limitaciones técnicas.
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Al estar compuestos por fibras y resinas, separar sus componentes para reprocesarlos resulta complejo y costoso.
Ante este escenario, Sánchez Pérez señaló que la reutilización ofrece un camino más viable. Un panel que cumple su ciclo de vida en un muro puede transformarse en un mueble con menores exigencias de carga.
“Ya no lo puedo utilizar para paneles, ahora lo puedo utilizar para una mesa, pero una mesa que no tenga cargas elevadas”, explicó.
Materiales como MDF y aglomerados tienen cada vez mejor apariencia, con imitaciones más realistas a la madera.(Foto: Obras)
Nuevos compuestos, mismas preguntas
Aunque el MDF y el aglomerado siguen dominando el mercado por su disponibilidad y costo, ya existen materiales compuestos desarrollados con fibras orgánicas distintas a la madera, como coco, palma, cascarilla de café o incluso residuos agrícolas.
Estas fibras se combinan con resinas para crear tableros con propiedades mecánicas comparables al MDF y, en algunos casos, superiores a las del aglomerado.
El especialista aclaró que estas innovaciones buscan reducir costos y aprovechar desechos, aunque su adopción aún depende de factores industriales y de mercado. Por ahora, el criterio central sigue siendo el mismo: entender para qué sirve cada material y usarlo conforme a sus límites.
Elegir sin prejuicios
Para Sánchez Pérez, muchos de los cuestionamientos hacia el MDF y el aglomerado surgen cuando se les exige más de lo que pueden ofrecer.
Los fabricantes suelen indicar las cargas máximas y condiciones de uso, información que el usuario final pasa por alto con frecuencia. Cuando el material falla, la crítica se dirige al tablero, no a la selección incorrecta.
En el interiorismo y el mobiliario, concluye, la calidad no está en el nombre del material, sino en su correspondencia con la función que cumple. Elegir entre madera, MDF o aglomerado no es una decisión moral ni estética, sino técnica. Y, en ese terreno, el uso define el resultado.