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Tres aceleradores para una ciudad sana

La disrupción en planes de infraestructura, normatividades y tecnologías será primordial para lograr el crecimiento equilibrado de las urbes.
mar 27 octubre 2020 05:00 AM
Barigui Park - Curitiba
Las ciudades sanas cobran una importancia mayor en el contexto de la pandemia.

Aunque el concepto de ciudad saludable no es nuevo, con COVID-19 toma mayor relevancia en el análisis y las propuestas de varios especialistas, quienes coinciden con que su construcción no consiste solamente en realizar estrategias de promoción de salud, sino en diseñar y aplicar estrategias urbanas enfocadas a garantizar una calidad de vida óptima.

Además de la distribución equitativa de hospitales, clínicas y centros de salud, una ciudad sana requiere infraestructura hídrica que fomente la recarga y el tratamiento de agua, el correcto manejo de residuos sólidos enfocado a su reuso y reciclaje, la generación de energía que contribuya a disminuir el impacto del cambio climático, la protección de áreas naturales y una distribución de equipamiento urbano que privilegie la movilidad sustentable, argumenta Luis Rubén Hernández, director general del Instituto Intermunicipal Metropolitano para la Planeación del Desarrollo Integral Sustentable de las Montañas de Veracruz (Impladis).

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En opinión de Hernández, la pandemia está impulsando el replanteamiento de algunos modelos urbanísticos. Para avanzar hacia asentamientos humanos más sanos es necesario establecer lineamientos para la restauración, conservación, aprovechamiento y saneamiento de agua y bosques, crear condiciones que propicien un equilibrio de desarrollo urbano equitativo, con dotación de servicios e infraestructuras de acuerdo con densidades de población homogéneas, entre otros.

Durante el lanzamiento de la revista Entorno y Futuro, del Centro para el Futuro de las Ciudades, David Garza, rector del Tecnológico de Monterrey, resaltó: “deseamos crear ciudades high-tech, en las que todo el conocimiento y el progreso tecnológico estén al servicio de la sociedad, pero también queremos ciudades high-touch, en donde los ciudadanos estén al centro de las decisiones en materia de vivienda, movilidad, gobernanza, planeación urbana, seguridad y sustentabilidad”.

El derecho urbano

Desde el punto de vista jurídico, Pablo Aguilar, presidente del Colegio de Jurisprudencia Urbanística (CJUR), asegura que en México existe “un problema de dispersión de normas que no tienen relación entre sí, una disfuncionalidad de competencias y una nula visión de que la población es el agente central de la norma jurídica”.

Desde su perspectiva, es necesario considerar al derecho, conjunto de acuerdos sociales y políticos, como un acelerador del desarrollo urbano. “Así como el territorio se mueve, el marco jurídico tiene que transformarse”.

Por ello, propone crear códigos territoriales integrales o una sistematización normativa. “Hay que integrar las distintas leyes y verificar cómo chocan entre sí y cómo interactuan en todas las capas que conforman el territorio”, asevera. Asimismo, debe realizarse un compendio normativo integral que incluya un enfoque de derechos humanos.

A este cambio de paradigma, refiere el especialista, se debe sumar la operabilidad jurídica, es decir, el acceso a la justicia a través de instituciones interdisciplinarias y mecanismos probatorios ante las denuncias. “La ciudad es un bien colectivo, por ello cualquier persona debe tener el poder de crear una demanda legal”, insiste.

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Tecnología predictiva

Por su parte, Javier Sandoval, director general de UrbanLab, explica que un modelo computacional predice incompatibilidades entre distintos usos de suelo, lo cual permite crear regulaciones más precisas y autorizar la construcción de algún inmueble.

Este simulador, a través de capas de información, ayuda a visualizar cómo se comportan los usos de suelos y se forman las manchas urbanas, áreas de preservación natural, etcétera. Las proyecciones de uso de suelo por hectárea que quiere que represente, donde cada color es variable: comercial, habitacional, industrial, vialidades, infraestructura, etcétera.

A través de estas herramientas es posible analizar qué efectos tendrá la aplicación de una política pública de desarrollo urbano tanto en la zona en cuestión como en otras aledañas, ya que los polígonos están interconectados.

Estos ejercicios de simulación también muestran mapas de calor, que revelan cuáles serán las áreas con mayor crecimiento urbano y su evolución en el tiempo, lo cual permite crear políticas públicas que contengan o potencien la expansión, advierte el especialista.

Por ejemplo, en Ensenada, Baja California, no existen parques industriales, las plantas de manufactura están diseminadas por la ciudad, por lo que Sandoval realizó una matriz para indagar en qué lugares tendría mayor éxito el desarrollo de este tipo de inmuebles, con base en los tipo de suelo permitidos.

Las ciudades aglomeran a más de la mitad de la población en un espacio menor a 2% de la superficie del planeta y se estima que para el año 2050, dos terceras partes de la población vivirá en ciudades.

En México, de acuerdo con datos de ONU-Hábitat, 74% de la población vive en ciudades de más de 15,000 habitantes, y para 2030 existirán 961 ciudades, partiendo de las 384 que hay actualmente.

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