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Autoconstrucción mantiene a una de cada cinco viviendas en condiciones precarias en México

Hay 8.3 millones de viviendas en rezago habitacional, equivalentes a 21% del parque habitacional del país.
Fotografia de una varilla sobre el techo de una casa.
La autoconstrucción representa 56% del parque habitacional mexicano y puede extenderse hasta 15 años. (Imagen generada con IA: Google Flow)

Tener una casa propia no garantiza que sea segura o saludable. En México, millones de familias construyen o amplían sus viviendas conforme consiguen recursos, como ejemplo las llamadas varillas de la esperanza, un proceso que puede extenderse durante años y dejar pendientes condiciones básicas de habitabilidad.

En México hay 8.3 millones de viviendas en rezago habitacional , equivalentes a 21% del parque habitacional, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025 y cifras de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi).

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El problema no se concentra en la falta de una casa nueva. 73.7% de las viviendas en rezago requiere mejoras, ya sea porque tiene materiales precarios en pisos, techos o muros, carece de excusado o presenta condiciones de hacinamiento.

La calidad de las viviendas también tiene una dimensión de salud. La Investigación Global de Vivienda 2026 encontró que casi cuatro de cada 10 personas en México reportan humedad, moho u otras condiciones poco saludables dentro de su hogar, frente a un promedio de dos de cada 10 en los 22 países incluidos en el estudio.

Construir por etapas alarga la solución

Una parte del problema está relacionada con la forma en que las familias construyen sus viviendas. En México, 56% del parque habitacional se autoconstruye, según Luis Armenta, director de operaciones de Hábitat para la Humanidad México.

“Prácticamente el 56% del parque habitacional se autoconstruye con esta metodología”, afirma el directivo.

En estos casos, las familias asumen tanto el costo de la obra como las decisiones sobre los materiales y la ejecución, con los r ecursos financieros y conocimientos técnicos que tienen disponibles. La vivienda se construye por etapas conforme llegan nuevos ingresos, por lo que los espacios pueden permanecer durante años con trabajos inconclusos o deficiencias.

“Estas viviendas tardan entre 10 y 15 años en consolidarse”, explica Armenta.

El dinero para continuar las obras puede provenir de ingresos extraordinarios, como el aguinaldo, o de mecanismos de ahorro entre familiares y conocidos, como las tandas. Cuando esos recursos no llegan, los trabajos se detienen.

El problema es que esperar también puede encarecer la siguiente etapa de construcción.

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Costo de materiales y tiempo de obra

Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, la inflación en la construcción de vivienda fue de 5.82%, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Los materiales fueron uno de los principales componentes de ese incremento. Algunos insumos, como tubos de cobre, alambre, tubería de plástico y laminación de aluminio, registraron aumentos de entre 11% y 22% en ese periodo.

Para una familia que construye con recursos propios, el encarecimiento reduce la cantidad de obra que puede financiar con el mismo presupuesto. Si el dinero se termina antes de completar una reparación o ampliación, los trabajos deben posponerse y las condiciones pendientes permanecen.

La alternativa de comprar una vivienda nueva tampoco resulta sencilla. De acuerdo con Hábitat para la Humanidad México, durante los últimos 15 años el precio de la vivienda nueva aumentó 50% por encima de la inflación.

La vivienda, entonces, compite con otros gastos esenciales del hogar. Para algunas familias, cubrir ese costo implica buscar un segundo empleo o aplazar otros proyectos.

La presión también alcanza las decisiones familiares. 55% de los los jóvenes de las generaciones Z y Millennial considera que los costos de la vivienda dificultan formar una familia, mientras que 61% de las personas con descendencia a su cargo teme que este gasto limite las oportunidades que puede ofrecer a sus hijos e hijas.

Mejorar casa entre riesgos económicos

Pese a las condiciones de sus viviendas, ocho de cada 10 personas esperan que su hogar actual mejore. Esa expectativa convive con una situación financiera vulnerable.

De acuerdo con Hábitat para la Humanidad México, 56% de las personas teme que un solo problema inesperado ponga en riesgo su capacidad para conservar su hogar.

Lacmi Rodríguez, directora ejecutiva nacional de la organización, señala que la inseguridad habitacional no comienza necesariamente cuando una familia pierde su vivienda. También aparece cuando conservarla exige comprometer otros recursos o aceptar condiciones que afectan la seguridad y la salud.

“Si las tendencias actuales continúan, México corre el riesgo de perpetuar un ciclo en el que la esperanza persiste, pero la seguridad habitacional sigue siendo frágil. Los hogares podrían continuar absorbiendo esta presión agotando ahorros, tomando empleos adicionales, posponiendo planes familiares y aceptando riesgos para su seguridad y salud”, afirma.

Para los especialistas, la política de vivienda necesita atender tanto el acceso a una casa como las condiciones para conservarla y habitarla. Esto implica que las familias puedan pagarla, cuenten con seguridad en la tenencia y dispongan de inmuebles estructuralmente seguros, habitables y resilientes, especialmente ante el cambio climático.

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