La desaceleración estuvo relacionada con los recortes al presupuesto de obra pública durante 2024 y 2025. Aunque la obra civil comenzó a mostrar una recuperación en 2026, la edificación registró una contracción durante el primer trimestre.
Para revertir esta tendencia, el gobierno federal anunció un programa de inversión pública y mixta por 8.4 billones de pesos, que Sheinbaum calificó como una apuesta “nunca antes vista en un sexenio”.
“Decidimos apostar por el desarrollo de la infraestructura a través de mecanismos de financiamiento razonables, eficientes y también de la inversión mixta, y al mismo tiempo facilitar la inversión privada”, comentó la mandataria.
Entre los recursos anunciados destacan 700,000 millones de pesos para la red carretera; 886,000 millones para trenes de pasajeros, la línea de carga del Tren Maya y el fortalecimiento del Tren Interoceánico ; así como 3 billones de pesos para Vivienda para el Bienestar.
No obstante, para los fabricantes de cemento, el anuncio de inversiones todavía debe convertirse en obras en ejecución y pedidos efectivos de materiales.
José María Barroso Ramírez, presidente de la Canacem y director de Cementos Moctezuma, advirtió que el estancamiento de la industria cementera no es reciente y responde a un problema de demanda que trasciende los ciclos de inversión pública.
Como referencia, explicó que el consumo de cemento per cápita en México permanece alrededor de 400 kilogramos anuales, frente a los 800 kilogramos que, según su comparación, registra un país en desarrollo.
“El país no tiene un crecimiento constante, estamos acostumbrados a que avanzamos y retrocedemos. No hay más consumo de cemento, porque no hay suficiente construcción de más carreteras , escuelas, calles, etcétera. Al mismo tiempo, desafortunadamente la economía se mantiene ralentizada. Hay mucha presión por el T-MEC”, declaró.
Vivienda para el Bienestar no basta para reactivar al sector
Si bien la Vivienda para el Bienestar representa una oportunidad para la cadena de valor de la construcción, Barroso considera que su impacto será insuficiente para transformar por sí solo el desempeño de la industria.
Explicó que una vivienda de 650,000 pesos, como las contempladas en el programa federal, puede requerir aproximadamente tres toneladas de cemento.
Bajo ese supuesto, construir la meta de 1.8 millones de Viviendas para el Bienestar implicaría consumir alrededor de 5.4 millones de toneladas, frente a una producción promedio que el directivo estima entre 40 y 42 millones de toneladas anuales.
A esta situación se suma la menor actividad de los desarrolladores privados de vivienda, que han reducido su consumo de insumos ante las dificultades para comercializar sus proyectos. En contraste, la autoconstrucción continúa como uno de los principales soportes del mercado.
“Todos los paisanos que mandan dinero a sus familias para construir su casa mantienen parte del consumo de materiales para la construcción, porque las grandes desarrolladoras ya no están haciendo las miles de casas que hacían hace unos años, no se venden”, aseguró Barroso.
Energía y combustibles presionan a las cementeras
Además de la desaceleración del consumo, los fabricantes enfrentan mayores costos de producción, con incrementos de hasta 6% anual asociados al encarecimiento de combustibles y derivados del petróleo, como consecuencia del conflicto en Irán.
Dedeu explicó que la energía representa cerca de 30% de los costos de una empresa cementera, por lo que las variaciones en los precios de combustibles tienen un impacto significativo en sus operaciones.
Para reducir esta exposición, compañías como Holcim México y Cementos Moctezuma han implementado programas de coprocesamiento de residuos industriales y urbanos, que permiten sustituir parcialmente combustibles fósiles y disminuir el impacto ambiental de sus procesos.
A pesar de estas presiones, el sector considera que dispone de capacidad suficiente para atender una eventual recuperación de la demanda sin necesidad de incrementar de inmediato su infraestructura productiva.
“La industria viene haciendo un buen trabajo, aunque todavía hay una capacidad excedente que se puede absorber en más obras como carreteras, transporte o vivienda, ya sean públicas o privadas. Creo que poniendo en marcha los proyectos de los trenes, sumado a la viviendas el año que viene deberíamos poder recuperar toda la caída del 2025”, apuntó Dedeu.